miércoles, mayo 02, 2012

Cuentos de soldados – Ambrose Bierce

Cuentos de soldados – Ambrose Bierce:
Cuentos de soldados - Ambrose BierceCuando hablamos de los Cuentos inquietantes de Ambrose Bierce ya hicimos referencia a su especial capacidad para presentar personajes únicos y situaciones dramáticas. Si entonces el contexto era fantástico, dada la condición de los relatos, en esta ocasión esa misma habilidad se pone de manifiesto de manera mucha más cruda y descarnada en unas historias que tratan sobre la guerra; situación ésta que da lugar a que la mirada incisiva del autor escarbe sin piedad en los entresijos de unos personajes desamparados como pocos.
La propia experiencia de Bierce como combatiente en la Guerra de Secesión estadounidense le sirvió en gran medida para comprender la futilidad de la contienda: aunque valiente y tenaz como soldado, el joven escritor descubrió la insensatez de un hecho como aquel. Bierce aborda la guerra como un elemento de perturbación, de confusión, de locura, de irracionalidad: lejos de retratar el heroísmo o la nobleza de las personas que participan en ella, se fija en los detalles que la convierten en cruenta y absurda; su especial sensibilidad para mostrar la insania y la perturbación de los personajes alcanza cotas magistrales en algunos de estos cuentos, verdaderas joyas de la psicología.
Inolvidable es “Chickamauga”, un breve relato que nos ofrecerá una visión de la contienda a través de la inocencia de los ojos de un niño; la retirada de un ejército abatido y maltrecho le sirve al autor para ilustrar, con un patetismo desgarrador, el horror que encierra una guerra y los efectos devastadores que tiene sobre todos los que participan en ella, tanto en el frente como en la retaguardia. La escena en la que el niño marcha frente a los heridos imaginando que es un capitán al mando de su tropa es demoledora, tanto por la belleza con la que está narrada como por el trasfondo terrorífico que se desprende de ella.
Bierce siempre aborda la descripción del conflicto desde la subjetividad de alguno de los participantes (aunque su mirada sea universal como pocas, gracias a su comprensión de la naturaleza humana). Quizá por ello muchos de estos relatos ilustran la experiencia de la soledad ante la muerte como una consecuencia inevitable de la contienda; “Uno de los desaparecidos” o “Episodio en el puente de Owl Creek” ofrecen buenos ejemplos de ello, si bien desde perspectivas diferentes: en el primero es un soldado el que afronta el peligro al batirse en reconocimiento; en el segundo, un civil es condenado a muerte por espionaje al tratar de defender a su familia.
De hecho, no sólo es relevante la soledad de los participantes en un conflicto, sino la futilidad de sus acciones, la irrelevancia de sus comportamientos. Lejos de ensalzar el heroísmo o la resolución, el escritor siempre se centra en reflejar la inutilidad de la acción individual frente al conjunto de absurdos que constituye la contienda. “Un hijo de los dioses” es el relato que mejor ilustra esta característica, presentándonos a un valeroso jinete que se arriesga a descubrir las líneas enemigas en un momento complicado para su bando; su honorable acción, como no podía ser de otra manera, se salda con su muerte y con la de muchos compañeros. La heroicidad, parece decirnos Bierce, es inútil frente al caos destructivo de la guerra.
Cuentos de soldados es, en pocas palabras, una colección de joyas literarias que encierran al mejor Ambrose Bierce; un surtido de relatos cuidados en la forma, elegantes y de una poesía sutil y desconcertante. Pero sobre todo unos textos que no dejan indiferente a nadie, que nos golpean en lo más profundo con el convencimiento de que no hay nada más perturbador que profundizar en la mente humana para comprender que el terror somos nosotros mismos. No lo dejen pasar.
Más de Ambrose Bierce:

Los comentarios de los lectores en este artículo y en este otro, publicados ambos en Jot Down, me...

Los comentarios de los lectores en este artículo y en este otro, publicados ambos en Jot Down, me...:
Los comentarios de los lectores en este artículo y en este otro, publicados ambos en Jot Down, me han hecho pensar en por qué los españoles parecemos ser impermeables a la ironía, la sátira o la provocación intelectual más o menos obvia. Porque oigan, yo no he conocido pueblo más cenutrio, gris y con menos sentido del humor que el español. Y si no me creen, prueben ustedes a ironizar sobre la procesión de la Esperanza de Triana delante de un sevillano, supuestamente los campeones nacionales del cachondeíto y la fiestuqui y el buen rollito. O estudien la vergonzosa, patética y provinciana reacción del gobierno y de los medios de comunicación españoles a los chistes de los guiñoles del Canal Plus francés. No me hagan buscar, pero no creo que haya muchos gobiernos democráticos que hayan presentado una queja formal a su país vecino por los gags de unos muñecos de trapo y plástico. Un poco más y llaman a consultas al embajador. Así que me aventuro a sostener que no existe sobre la faz de la tierra un pueblo con una disonancia cognitiva mayor entre su sentido del humor “percibido” y el “real”. Es decir entre lo que se cree que es (un pueblo de aristócratas británicos con un fino sentido de la ironía) y lo que es en realidad (un pueblo de cabreros).
Mi primer impulso ha sido pensar que, lisa y llanamente, el español medio no sabe leer. Usted escribe “los empresarios deberían disfrutar del derecho de pernada sobre sus becarias” y los españoles leen “los empresarios deberían disfrutar del derecho de pernada sobre sus becarias”. Así se lee en España, literal, recto y a lo hotentote: lo que está escrito está escrito. Punto.
Pero luego ves a los españoles riéndose con Ricky Gervais, o con Sarah Silverman, o con el finado Bill Hicks, o con gente incluso menos sutil que estos tres cafres, y piensas “a ver, algo pillan porque se están riendo”.
La cuestión es que, en realidad, no están pillando nada. El español se ríe cuando percibe que el objeto de la sátira es alguno de sus hombres de paja más odiados: los curas, la derecha, los judíos, Esperanza Aguirre o la banca. Pero haga usted exactamente el mismo tipo de chiste sobre los progres, el 15M, el ecologismo, los palestinos o Radiohead y va a enterarse de lo que vale un peine. A los tolerantes se les acaba la tolerancia en menos que de lo que tarda en piar un ruiseñor. Cachondeo sí, pero contra los de siempre.
Puestos a analizar el fenómeno mediante la socorrida psicología de taxi, yo diría que hay dos factores que convierten al español en un ente refractario a todo tipo de sutileza cómica:
1. Analfabetismo puro y duro. La sátira y la ironía exigen una sofisticación intelectual incompatible con un sistema educativo que desprecia la meritocracia y con un clima social que considera elitista todo lo que se eleve media pulgada por encima de los lugares comunes más chuscos.
2. Inseguridad y complejo de inferioridad. La sátira se percibe como un ataque directo en vez de como un reto intelectual relativamente inofensivo al que todos pueden jugar en la modesta medida de sus posibilidades. El español busca reafirmar sus prejuicios mediante la adhesión al grupo y todo lo que amenaza la teología de ese grupo es percibido como una agresión. Los españoles toleran los ataques directos y brutales contra sus dogmas de fe, pero no la sátira sobre ellos.
En España, la sátira supone añadir el insulto de la inteligencia a la injuria de la irreverencia. De ahí que el humor español, a nivel popular, sea de una precariedad intelectual atroz y más propio de una sociedad en un estadio primitivo de desarrollo cultural que de una en un estadio avanzado de alfabetización.

Los inmortales, Manuel Vilas

Los inmortales, Manuel Vilas: Alfaguara, Madrid, 2012. 224 pp. 18,50 €

Carlos Castán

Javier Calvo dice de Vilas que es el escritor más peligroso. Luna Miguel añade directamente que está loco. ¿Qué es lo que está ocurriendo aquí? Ocurre que estamos ante un tsunami de imaginación, de inteligencia, de belleza, de poesía que nos llega como por sorpresa, inesperadamente. Nada, ni forma ni contenido, son previsibles en estas páginas, hasta el punto de que el lector —por más pasos que haya dado en el pasado en eso que se ha dado en llamar el Universo Vilas, por mucho Aire Nuestro y mucha España que haya recorrido antes—, no puede evitar una sensación inicial de desorientación, de dulce vértigo, de bendito no-saber al adentrarse en el libro: Cervantes escribiendo en un ordenador en la sala de espera de un aeropuerto mientras escucha Cecilia de Simon & Garfunkel en su MP3, el cantante de Joy Division convertido en gran caballero, un anciano Vilas atendiendo por televisión a una historiadora que huele a almendros, a mar y a viento libre; una amiguita del Rey Juan Carlos cantando una canción de Johnny Cash en su regazo, una reencarnación de Stalin que habla de destruir todo el Universo para matar el aburrimiento, el Papa y Teresa de Calcuta que se pierden por los supermercados y canturrean éxitos de la Carrà, puntúan del 0 al 10 las hamburguesas del McDonald’s, Dante y Neruda recorriendo las calles y las tabernas de Dublín, Guinness va, Guinness viene; el Juicio Final amenizado por un concierto de Elvis. Todo este aparente desvarío, este inteligente despliegue de personajes con identidad quebrada, dual o suplantada, está al servicio de una novela que, como todas las grandes novelas, pone el acento sobre la condición humana, su mísera maravilla y sus maravillosas miserias.
El tema de este libro es la muerte. O lo que es lo mismo, el tema de este libro es la vida. Por eso es un libro atravesado por el misterio pero a la vez tan luminoso y energético, tan vital. No queremos morirnos. Nos andamos quejando a cada paso pero lo que de verdad queremos es seguir aquí.
La literatura había tratado antes este tema de la inmortalidad. Kundera, por ejemplo, dedicó al asunto algo más que una novela con ese preciso título (yo diría que es la obsesión que subyace entre líneas en toda su obra), y es asimismo inevitable recordar el célebre relato de Borges, “Los inmortales” en el que se plantean algunas cuestiones que, desde otro enfoque distinto, están también en este libro, especialmente en la parte inicial del capitulo titulado "Dos conversaciones y un recuerdo", en la que hablan Saavedra y Robespierre: el tema de si realmente la inmortalidad es deseable, y aún más, si es o no soportable esa dilatación del tiempo que acabaría convirtiendo todo en aplazable e inane, ¿cómo olvidar a aquel personaje inmortal del cuento de Borges que cae en una grieta y tardan décadas en arrojarle un poco de agua para que beba?. En las páginas de este libro, otro personaje, Stalin, inmortal materialista, sugiere que no morir sería poco más que un alargamiento de la oscuridad. Y eso da cierto pavor, recuerda a cómo Cioran pensaba en uno de sus aforismos que el infierno debía de parecerse mucho a un domingo por la tarde sin fin, una tarde de domingo que no terminara nunca.
Hay diversas clases de inmortalidad: una es la de la obra que queda, las huellas de una vida y de un pensamiento que es absorbido por las generaciones venideras, vivir en el recuerdo de otros, en sus lecturas, configurando conciencias de tiempos futuros, pero esta forma de inmortalidad no es la que interesa, no es por la íntimamente todo hombre clama, lo reconozca o no. En el libro asistimos a otras más interesantes: está la inmortalidad tipo fantasma encerrado, que es la que James Joyce representa en la novela, recluido en un museo en forma de holograma. Y otro tipo de inmortalidad más deseable que permite beber whisky, contratar prostitutas, tomar aviones y desplazarse en el tiempo. Este tipo de inmortalidad, que es la que más abunda en el libro, permite poner a discutir a personajes que vivieron sus vidas reales en siglos diferentes entre sí, preguntarnos por cuáles serían ahora sus gustas musicales o por el tatuaje que llevarían puesto. Se crea así un Universo del todo global. La simultaneidad es una de las categorías fundamentales de este libro, una simultaneidad que aparece reflejada también en pequeños detalles como el visionado de dos películas a la vez o los múltiples conciertos que pueden escucharse al mismo tiempo a bordo del coche fantástico. Porque la globalidad de la que ahora tanto se habla, la famosa “aldea global” es una cuestión sólo de espacio, de suprimir distancias y eliminar barreras de mercado y de comercio cultural. En Los inmortales de Vilas asistimos a una auténtica globalidad, los desplazamientos son en el espacio pero también en el tiempo, estamos todos juntos por primera vez, las ideas del pasado y las que vendrán, algunas de las cuales se nos adelantan en estas páginas.
Porque hay muchísimas ideas en este libro poliédrico, algunas muy poderosas y originales, que son disparadas desde todos los ángulos, ya que en él ocupa un lugar destacado la cuestión —tan literaria, por cierto, pero a la vez genuinamente filosófica— del punto de vista. Es decir, no sólo desde dónde contamos una historia, sino desde qué lugar nos situamos para mirar el mundo. Aquí se observa desde todo tipo de balcones, atalayas y hasta pozos, miradores más allá de la muerte o más allá del espacio. Y todo, la desnudez del hombre, lo ridículo de sus afanes, la levedad de su historia, parece verse más claro bajo esta luz múltiple y desdoblada que ha roto el tiempo y que difumina la distancia existente entre un ser y otro ser, que atraviesa las cosas para iluminar frontalmente la nada.
Atraviesan la narración sugerentes ideas políticas como la anarcocosmia, la cuestión de si la locura colectiva puede ser o no una forma de orden público o acerca de la naturaleza política de los millones de muertos, esa gran fuerza subterránea que todo lo condiciona desde la oscuridad. Y también la idea del miedo como principio político de todas las sociedades humanas y la visión del odio como “café” de la humanidad, como verdadero estimulante de las conductas individuales y colectivas.
Y también consideraciones de carácter filosófico, algunas generosamente desarrolladas y otras esbozadas apenas, como la contraposición que hace Kafka entre Universo e Historia, la tremenda insignificancia de la Historia frente al Universo, similar a la de una conciencia al lado de una piedra que permanecerá en el mundo cuando ésta se haya disuelto en la nada “como lágrimas en la lluvia” expresión Bladrunneriana que se repite en esta obra a modo de homenaje y estribillo. O las reflexiones acerca de la obligación de ser felices, que nos remiten nuevamente a Borges y a los célebres versos que escribió pocos días después de la muerte de su madre: “He cometido el peor de los pecados, no he sido feliz”. Y, sobre todo, la consideración de que nada existe realmente más allá del dolor. Somos nada. Nada como materia (lo sabemos, aunque prefiramos vivir como lo ignoráramos, desde el momento en que descubrimos que los átomos están prácticamente vacíos). Nada tampoco como humanos, ya que somos conciencia que termina por deshacerse, que se disuelve en olvido y en vacío.
Y somos fieles a esa nada, quizás porque esa nada porque nada es todo lo que tenemos.
Es de destacar el vuelo poético que adquiere el lenguaje en muchos pasajes de este libro. Y también, cómo no, el humor, que es en esta novela incisivo e inteligente pero además compasivo. Un humor que es entendido por el autor como una forma de amor, que en definitiva es el gran tema de toda la obra de Manuel Vilas. Hay mucho amor en este libro: amor fraternal, amor erótico, amor a los propios huesos, que es el amor del todo por las partes, y un amor más extraño, más sideral cuyo calor no conocíamos hasta ahora los mortales y que la novela nos ayuda, casi dolorosamente, a sentir: el amor con el que los dioses aman a sus criaturas, las lágrimas que por lo insignificante puede llegar a derramar lo Sublime.

La Copa que aparece y desaparece

La Copa que aparece y desaparece:
De un año a otro, la Copa ACB desaparece de las portadas de Sport y Mundo Deportivo…


… y aparece por arte de magia en las de As y Marca.


Bonus track- Ayer, en Radioestadio de Onda Cero, dimos explicación a otro enigma: ¿cómo es posible que un diario publique 5.000 números en 3.000 días? Gracias a la hemeroteca de nuestros amigos de La Videoteka dimos con la respuesta, que hallaréis en el habitual podcast de un cuartito de hora.

10 razones por las que todo el mundo debería leer comics

10 razones por las que todo el mundo debería leer comics:



En la web Top Tenz han escrito un post con las 10 razones por las que todo el mundo debería leer cómics.
Aquí os dejamos el enlace ¿Qué os parecen?


Aprenda de la mafia

Aprenda de la mafia:
mafia
Por todos es sabido que la mafia es conocida por sus negocios oscuros y sus crueles métodos de trabajo, lo cual no quita que algunos de sus miembros más relevantes sean hombres de negocios extremadamente hábiles. Louis Ferrante es un antiguo mafioso, del clan de los Gambino, que tras pasar ocho años en prisión ha escrito su segundo libro, Aprenda de la mafia, en el que muestra técnicas de gestión para alcanzar el éxito en la empresa.
En Periodista Digital se hacen eco de unas declaraciones de Ferrante para la revista Fortune que son toda una declaración de principios:
El organigrama de una familia del crimen organizado o sindicato refleja la estructura administrativa de una corporación. En el vértice de la pirámide hay un jefe o un director ejecutivo, por debajo de él están el segundo al mando (el jefe de operaciones) y un consejero (consejero general). Luego le siguen los capos (vicepresidentes) y los soldados (empleados de bajo nivel que cumplen las órdenes de los jefes). Al igual que las corporaciones, los grupos criminales confían a menudo en asesores externos.
Recientemente el diario El Mundo le ha hecho una entrevista bastante interesante en la que Louis Ferrante se atreve a hablar sobre la morosidad del sistema bancario y da consejos para encontrar trabajo:
En la mafia nunca prestábamos dinero a quien sabías que no podía devolverlo. No como los bancos, que dieron préstamos a gente que sabían que no podían pagar y ahora les están echando a la calle.
Cualquiera puede conseguir un trabajo si está dispuesto a trabajar a comisión. En la mafia siempre vas a comisión. En la vida real la mayoría quiere acomodarse y recibir una nómina fija todos los meses.
Sea como fuere, el simple hecho de que el autor del libro haya pasado de capo mafioso a gurú que da lecciones de economía y gestión otorga una cierta relevancia a su libro. ¿Y por qué no vamos a seguir los consejos de un ex mafioso? Al fin y al cabo, muchas de los políticos más importantes de la democracia española han llegado a su puesto con un desconocimiento total sobre la economía. Louis Ferrante, al menos, tiene experiencia en el sector privado, o algo parecido.
Más información | El Mundo
En El Blog Salmon | Un click, Jeff Bezos y el auge amazon.com; manual para emprendedores soñadores, Las torres del olvido: el desplome de la economía
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Los 100 mejores libros para niños

Los 100 mejores libros para niños:
La telaraña de Charlotte
La web americana Scholastic ha sacado un completo listado con los 100 mejores libros para niños, siempre desde el punto de vista de la literatura norteamericana, que si bien no coincide con la mundial, nos brinda la oportunidad de descubrir -y redescubrir- algunos títulos que no son tan conocidos en nuestro idioma y que, sin embargo, son obras absolutamente consagradas en los Estados Unidos.
De entre los primeros libros elegidos destacan éxitos mundiales como Harry Potter y la Piedra Filosofal o Ana de las tejas verdes. Otros son famosos por películas recientes como Donde viven los monstruos. También podemos encontrar algunos que tuvieron una adaptación televisiva y son pequeñas joyas, como El viento en los sauces, aunque son todos títulos que suenan bastante clásicos hasta que nos encontramos, ya pasando el puesto 30, con Los juegos del hambre.
Los tres primeros no son especialmente famosos en España, aunque sí conocidos y publicados. Buenas noches luna (en el puesto número 3) de Margaret Wise Brown es un clásico de 1947 en el que un conejito se va despidiendo de todas las cosas que hay en su habitación hasta que se queda dormido. Un libro entrañable ideal para que los niños pillen un buen sueño. (Muy diferente de Duérmete de una vez, joder, el éxito entre padres del año pasado)
En segundo puesto nos encontramos con Una arruga en el tiempo, de Madeleine L’Engle, cuya última edición en español consta del año 94 por parte de Alfaguara, una novela más juvenil, con viajes en el tiempo, aventura y acción, con toques de física cuántica y que lleva en Estados Unidos unas 70 ediciones. Sí, 70. Ahí es nada.
El primer puesto es para La telaraña de Charlotte, escrita por E.B. White y publicada por primera vez en 1952, que tuvo varias adaptaciones animadas y una gran producción de 2006, protagonizada por Dakota Fanning, Julia Roberts, Kathy Bates y John Cleese -entre otros muchos- en la que se narran las aventuras de Carlota, Fern y el cerdo Wilbur. Este libro está considerado como el libro infantil más vendido de los últimos quince años.
Está claro que este listado es muy limitado y presta atención en exclusiva al público estadounidense, así que es evidente que faltan muchas obras de otras partes del mundo. ¿Qué echáis de menos en el listado? Y de las que hay, ¿cuál es vuestra opinión? Os esperamos, como siempre, en los comentarios, en nuestro Facebook y también en Twitter.

La Gaceta vs Público: unos en beneficios y otros en pérdidas

La Gaceta vs Público: unos en beneficios y otros en pérdidas:
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Hoy hemos conocido que Diario Público cierra la edición impresa y que sólo mantendrá la edición web. En estas páginas, hemos hablado varias veces de las cuentas de Diario Público y tal y como dije en este post, la decisión final del cierre de una empresa depende de sus propietarios.
No obstante, siempre nos queda la duda sobre la crisis de la prensa escrita, la caída en ventas y la insostenibilidad de los modelos de negocio. Mirando las cuentas anuales de La Gaceta, me he llevado una sorpresa que no me esperaba. La Gaceta cerró 2010 con unos beneficios de 415.000 euros frente a las pérdidas de 11,3 millones de euros de Público. Tal y como vemos en el cuadro superior, las cuentas de resultados de ambas cabeceras tienen diferencias sustanciales.


Ingresos de Público y La Gaceta en 2010


Público tiene muchos más ingresos que la La Gaceta. Cifras que se apoyan fundamentalmente en el mayor número de lectores del primero frente al segundo. Según OJD, en el año 2010 Público ocupaba la 12º posición en el ranking de periódicos con una tirada diaria de 132.000 ejemplares y 247.000 lectores en papel frente la 17º posición de La Gaceta con una tirada de 89.000 ejemplares y 185.000 lectores. Otro dato importante, Público facturó en 2010 casi el doble por publicidad que La Gaceta. No me vale la justificación que ha dado Nacho Escolar hace unos minutos en la radio sobre la facilidad de contratación publicitaria en los periódicos de derechas o izquierdas.
No obstante, un dato importante es que las ventas de La Gaceta no contemplan los ingresos publicitarios de la edición digital del medio. Destaca también como Público ha tenido 452.000 euros de subvenciones frente a 0 euros por La Gaceta. A la hora de analizar estas cifras, es importante comprobar las operaciones de venta en el grupo, dado que ambos medios están dentro de grupos empresariales importantes. Destaca cómo Público ha tenido ventas superiores a 18 millones de euros en el grupo por 573.000 euros de La Gaceta. Me parecen unas cifras muy altas en Público en donde no logro averiguar el destino final.

Gastos de personal en Público y La Gaceta


Como podemos apreciar, ambos medios tienen estructuras salariales similares. Las medias salariales de Público (41.000 euros) son ligeramente inferiores a las medias salariales en La Gaceta (44.500 euros). Destaca también cómo el porcentaje de seguridad Social sobre los salarios brutos es del 20,2% en Público frente al 23% de La Gaceta. Este porcentaje difiere por la existencia de contratos bonificados, mayores pagos salariales no sujetos a cotización y el equilibrio de contratos con bajas cotizaciones.
Si llama la atención la estructura de directivos y altos cargos. 9 puestos en Público por 4 en La Gaceta, siendo las medias de los directivos en Público en torno a 30% más que en La Gaceta.

Otros Gastos en los medios impresos


Dentro de este apartado, se puede encontrar la causa del beneficio económico de La Gaceta frente a las pérdidas de Público. Si nos fijamos en los gastos de ambos medios, Público tiene unos costes de 41 millones de euros, apoyados fundamentalmente en las compras a otras empresas (¿gran parte de la actividad está subcontratada?) y servicios exteriores. La Gaceta por contra, tiene una estructura de costes de 18 millones de euros en servicios exteriores y otras empresas.
No comprendo cómo Público tiene estos costes asociados a la producción del periódico, dado que cuenta con mayor inmovilizado y mayor personal en plantilla. Sería todo un detalle tener acceso al detalle de estas compras porque aquí se encuentra la clave de los malos resultados del periódico casi con total seguridad.
Fuentes | Depósitos de cuentas – Registro Mercantil
En El Blog Salmón | El ERE de Público deja a 39 trabajadores en la calle, tienen una fórmula para evitar el ERE, ADN.es cierra y se confirma la crisis de los medios, Quién está detrás de los medios de comunicación en España



Los escritos irreverentes – Mark Twain

Los escritos irreverentes – Mark Twain:
Los escritos irreverentes - Mark TwainEl humor que Mark Twain despliega en casi toda su producción es, sin duda, crítico y mordaz como pocos; sus novelas y relatos están llenos de una mirada que aúna la sátira y la ternura, sin dejar que la segunda impida al lector asomarse a la injusticia que se muestra a través de la primera. En Los escritos irreverentes Twain se aleja de la ficción al uso para construir un texto que oscila entre la historia, la crónica, el apunte y el microrrelato, y en el que vierte toda su exasperación por el totalitarismo religioso.
El libro se compone de varias secciones en las que algunos personajes de la tradición bíblica (Eva, Satán, Sem, Matusalén) pasan revista, con diferentes estilos y miradas, bien a episodios mitológicos (la estancia en el Jardín del Edén), bien a la actitud de los hombres hacia la religión. El autor fue muy crítico y escéptico con el catolicismo protestante de los Estados Unidos de su época, y en el primero de los apartados del volumen, “Las cartas de Satán desde la Tierra”, pone de manifiesto el absurdo al que puede conducir la religión y la irracionalidad de unas personas que confían más en la fe que en sus propios principios.
El enfoque elegido es muy propicio para exprimir la ironía que tan buen juego le da a Twain: Satán es expulsado del cielo y decide viajar a la Tierra para observar el “experimento” que el Creador ha llevado a cabo en ese planeta. (Hay que remarcar, eso sí, que este Satán no es el propio de la tradición bíblica, sino que el autor imagina unos seres divinos que nada tienen que ver con los de la mitología cristiana.) Desde allí envía cartas a sus compañeros ángeles narrando lo que ve: desde lo extraño que le parece en general el ser humano hasta la extrañeza que le provoca la lectura de su libro sagrado, la Biblia. A la historia bíblica, de hecho, se dedican varias de estas cartas, diseccionando algunos pasajes que sirven a Satán (es decir, al autor) para poner en tela de juicio todo el concepto religioso.
Twain es demoledor en su visión de la práctica religiosa: Satán es mordaz en sus misivas, y aunque la sátira es extrema, lo verdaderamente atroz es comprobar la falta de coherencia y sensatez de la que hacemos gala en nuestra concepción del universo. La narración del ángel observador es cáustica, fijándose en los detalles que pasamos por alto como convencionales y que no son más que actos irracionales fruto de la ignorancia, el miedo y la soledad. Valga un ejemplo:
El Humano es una curiosidad maravillosa. [...] Desde el principio hasta el final y siempre, es un sarcasmo. Sin embargo, ingenuamente y con toda sinceridad, se llama a sí mismo «la obra más noble de Dios». Esto que os digo es verdad. Y no es una idea nueva en él, sino que la repite desde tiempos inmemoriales, tanto que ha acabado por creérsela, sin que nadie en toda su raza sea capaz de reírse de ella. [...] Está convencido de que el Creador no sólo está orgulloso de él, sino que le quiere, que tiene pasión por él y que se pasa las noches en vela, rendido de admiración, sí, vigilándolo y manteniéndolo fuera de peligro. Cuando reza, está convencido de que el Creador le escucha. ¿No es una idea pintoresca?
En esa línea encontramos las páginas más desopilantes del libro, a la par que también las más reveladoras: el autor muestra con descarnada claridad la sumisión del ser humano ante unas convenciones ridículas y que desafían toda lógica; la religión, en manos de Twain, se descubre como un cúmulo de despropósitos que sólo traen equívocos y desgracias.
Los escritos irreverentes es un texto de un humor terrible, pero también refrescante. La clarividencia de Mark Twain para ver lo que está más allá de las convenciones se desencadena en todo su esplendor, y tanto los amantes del escritor como los buenos lectores agradecerán este jarro de agua fría que el estadounidense lanzó en toda la cara a la puritana sociedad de su (nuestro) tiempo.

Bruce Springsteen pone letra y música a la "bola demoledora" que hundió el sueño americano

Bruce Springsteen pone letra y música a la "bola demoledora" que hundió el sueño americano:

Si las cosas en Europa están mal, al otro lado del Atlántico están peor y así lo describe este gran trovador del rock & roll que es Bruce Springsteen. A sus 62 años lanza oficialmente mañana lunes un nuevo disco donde intenta comprender la distancia entre la realidad americana y el sueño americano, que nunca habían estado tan lejos el uno del otro como ahora. Springsteen, heredero de esa linea fundacional del folk y el country de Estados Unidos que arranca con Woody Guthrie en los años de la Gran Depresión, compone en su nuevo disco, “Wrecking Ball”, variados trazos sobre los efectos que ha arrojado la crisis en la primera economía del planeta. Como dice en We don’t take care of our own
He estado llamando a la puerta que tiene el trono / he estado buscando el mapa que me lleve a casa / he tropezado con buenos corazones convertidos en piedra / el camino de las buenas intenciones se ha secado como un hueso
La alusiones directas a las promesas iniciales de Obama y a la grave situación que vive Estados Unidos (un desempleo real por sobre el 16% y un aceleramiento de la desigualdad y la pobreza), llevan a decir a este emblemático cantautor Nos estamos cuidando solos / Donde quiera que ondée esta bandera / Nos estamos cuidando solos”:
Desde Chicago a Nueva Orleans
desde el músculo al hueso
desde la escopeta de caza al superdrome
No hay ninguna ayuda, la caballería se ha quedado en casa
y nadie escucha el tronar de la trompeta
A lo largo de toda la historia de Estados Unidos el tronar de la trompeta era la llave salvadora, como lo muestran las películas de John Ford o los relatos de John Steinbeck. Era la voz de mando de la disciplina que dio fuerza y sentido a la historia de Estados Unidos y que en términos materiales permitió la construcción del ferrocarril que unió al Atlántico con el Pacífico. Pero el tronar de la trompeta se apagó e hizo difuso a partir de los años 70, como muestra Francis Ford Coppola en Apocalipsis Now (1979), clarividente ejemplo de la desintegración que comenzaba a producir la desordenada globalización, solo obediente a los particulares intereses financieros. Ahora la caballería, y tal como está ocurriendo en Europa, solo salva a los banqueros.
El título de este último disco de Springsteen, Wrecking Ball, alude a las bolas de demolición que derriban edificios... y que también provocan accidentes. Esta es la metáfora que ha escogido The Boss (su legendario apodo en la E Street Band), para describir la actual situación que vive Estados Unidos. “El camino de las buenas intenciones se ha quedado tan seco como una piedra”, clara referencia a Obama y sus políticas más dispuestas al socorro de las empresas que al de los trabajadores.
¿Dónde están los ojos con la voluntad de ver? / ¿dónde están los corazones que practican la misericordia? / ¿donde está el trabajo que hace mis manos y que da libertad a mi alma? / ¿dónde está la promesa de un mar resplandeciente, de costa a costa?
Springsteen es un artista que siempre ha descrito con singular agudeza su momento histórico y la furia de su prosa contenida lo ha convertido en un ícono inusual. Cuelgo de muestra solo dos de sus temas clásicos para apreciar la potencia de su grito: Mi ciudad natal y Nací en Estados Unidos.
Desde los años 70 Springsteen ha asumido la voz de la causa obrera, dado que se identifica fuertemente con los trabajadores. Curiosamente es la misma década en que los movimientos sindicales comienzan a ser abolidos por quienes defienden los intereses de la globalización. Esto no quitó fuerza a su música sino que la hizo aún más rebelde y furiosa. Una furia que emerge con fuerza ante el drama del desempleo, la precariedad de la vida y el fuerte impacto de la crisis financiera en el alma de la estabilidad que es el trabajo. Y es que Springsteen no tiene pelos en la lengua cuando se trata de decir las cosas tal cual son.
Video | YouTube, video oficial de Bruce Sprengsteen
En El Blog Salmón | La década del fin del sueño americano, Para comprender el pasado, el presente y el futuro de la crisis



La privacidad, ese coste olvidado

La privacidad, ese coste olvidado:
¿Cuánto te cuesta una consulta a Google? ¿Y actualizar tu estado en Facebook? ¿Y enviar un Tweet?. Si se lo preguntas a cualquiera, seguramente te diría que nada, que es gratis. Es un tema del que ya hemos hablado por aquí, mostrando cómo los precios de los productos que compras en la web podrían verse afectado por tu comportamiento online.
La privacidad es la verdadera divisa de Internet, millones de nosotros estamos cediendo gratuitamente información personal sobre lo que hacemos, sobre lo que nos interesa, sobre dónde estamos…. Google sabe más de nosotros que nuestra madre. En este entorno, lejos de “rebajar” el precio de las cosas, los gigantes de Internet cambian sus políticas de privacidad para poder cosechar y vender incluso más con nuestros datos personales. Aunque los defensores de la privacidad protestan, los usuarios suelen votar con sus clics y siguen como si tal cosa.
¿Debemos concluir que la generación de Internet está dispuesta a comerciar con su privacidad a cambio de servicios en la red gratuitos o más baratos?
Afortunadamente, parece que no, un reciente estudio de Nicola Jentzsch del Instituto de Investigación alemán de Berlín, indicaba que la gente prefiere proteger sus datos personales si tienen la oportunidad, y que una proporción considerable está dispuesta a pagar más para hacerlo.
Los investigadores dirigieron a 443 estudiantes a un sitio Web que ofrecía entradas para una película real en cartelera que vendían dos proveedores distintos. Aunque las entradas estaban subvencionadas, los voluntarios, que podían comprar una, dos o ninguna, tenían que asumir la mayor parte del coste.
Cuando ambos proveedores ofrecieron entradas al mismo precio pero solo uno exigía a los clientes que facilitasen su número de teléfono, el proveedor más respetuoso con la privacidad se quedó con el 83% de las ventas. Cuando ofrecieron a los participantes la misma opción pero con un cargo adicional de 50 céntimos para el cine con salvaguarda de la privacidad, el porcentaje descendió a un 31%.
Cuando solo uno de los dos proveedores indicó que utilizaría el correo electrónico de los clientes para enviarles publicidad, y ambos cobraban el mismo precio por las entradas, el 62% de las ventas fueron para el proveedor respetuoso con la privacidad. Pero cuando este empezó a cobrar 50 céntimos más,  cayó a un 13%.
Esta es una preocupación creciente a ambos lados del Atlántico. En enero Google fusionó los datos personales recabados de los usuarios a través de docenas de servicios, incluyendo YouTube, Gmail, y Google+, al hacer esto conseguiría mejores búsquedas y enfocar la publicidad de un modo más eficiente. Recientemente, la Comisón Nacional francesa sobre libertades informáticas y civiles, que representa a los reguladores europeos, comentó a Google que los resultados iniciales sugerían que la nueva política no cumplía la Directiva de Protección de Datos europea.
La UE está trabajando en nuevas normas de protección de datos que podrían incluir multas de hasta el 2 por ciento del volumen de ventas global de una empresa. Recientemente la administración Obama presentó el marco de un nuevo código sobre privacidad que podría dar a los consumidores un mayor control sobre el uso de sus datos.
¿Y tú? ¿Te preocupas por tu privacidad en Internet?

'Los Vengadores', gracias, Joss Whedon

'Los Vengadores', gracias, Joss Whedon:
Los protagonistas de Los Vengadores (The Avengers)
Loki: “Tengo un ejército”.
Tony Stark: “Nosotros un Hulk”.

Solo una semana después del estreno de ‘Los Juegos del Hambre’ (‘The Hunger Games’), ha llegado a las carteleras españolas otro de los títulos más esperados de 2012, ‘Los Vengadores’ (‘The Avengers’). Fue en 1963 cuando nació el cómic en el que Stan Lee y Jack Kirby hicieron debutar a los Vengadores, cuyos miembros fundadores fueron Iron Man, Thor, Hulk, Hombre Hormiga y Avispa, reunidos de manera extraordinaria para combatir al malvado Loki (el Capitán América se uniría pronto a un grupo que también ha contado con Spider-Man o Lobezno, entre otros). Casi 50 años después, el equipo de superhéroes da el salto a la gran pantalla como culminación de un ambicioso proyecto iniciado en 2008 con ‘Iron Man’, el primer largometraje de Marvel Studios. Cuatro largometrajes más prepararon el terreno para la llegada de ‘Los Vengadores’, la primera película de superhéroes que vemos este año, a la espera de que se estrenen ‘The Amazing Spider-Man’, el nuevo origen del hombre araña, y ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’), el final de la trilogía de Batman.
Un blockbuster de 220 millones de dólares de presupuesto, el formato 3D (de post-producción), Joss Whedon tras las cámaras y un reparto encabezado por Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner y Mark Ruffalo; éstas son las armas principales con las que Marvel espera arrasar en taquilla desde el pasado viernes 27 de abril, cautivando tanto a los que buscan acción y espectáculo palomitero como a los fans de los icónicos personajes de cómics que se dan cita en este film (todo un sueño hecho realidad). Estoy convencido de que ambos grupos de espectadores quedarán más que satisfechos con una película tan divertida que quieres que no acabe nunca, a pesar de durar más de dos horas. Parecía complicado reunir en una sola película a tantos héroes, de manera que todos fueran importantes y no quedaran eclipsados por uno o dos de ellos; de hecho, cuando se lanzó el tráiler daba la impresión de que en lugar de ‘Los Vengadores’ íbamos a ver ‘Iron Man 3’. Nada de eso. Whedon reparte el protagonismo con habilidad en esta entretenidísima aventura que sin duda es lo mejor que ha producido el sello Marvel a día de hoy, y una de las mejores películas de superhéroes filmadas hasta ahora.
Tom Hiddleston es Loki, el villano de Los Vengadores
La firma de Joss Whedon se nota en toda la película, si uno ha visto capítulos de series como ‘Buffy cazavampiros’ o ‘Firefly’, o su debut en cine, ‘Serenity’ (adaptación a la gran pantalla de ‘Firefly’ y una joya de la space opera, superior a los nuevos episodios de ‘Star Wars’), encontrará detalles y guiños a lo largo de los 140 minutos que dura ‘Los Vengadores’ (personajes poseídos, réplicas memorables, naves a punto del desastre, referencias culturales, mujeres luchadoras…); en cuya primera secuencia no aparece ninguno de los cuatro personajes principales, los cuatro pilares sobre los que se apoya esta superproducción, y el resultado es una estupenda pequeña pieza de entretenimiento y fantasía. El film arranca con lo que podríamos llamar un prólogo centrado en la aparición de Loki (Tom Hiddleston) en la Tierra, tras una breve escena donde le vemos negociar la adquisición de un ejército extraterrestre con el que pretende dominar a la raza humana, y el robo de la tecnología que le permitirá abrir una puerta intergaláctica, el paso previo a la invasión. La agencia S.H.I.E.L.D. pone en marcha el protocolo de emergencia y trata de reunir al “dream team”, pero Iron Man no trabaja en equipo, Bruce Banner no desea volver a ser Hulk, Thor solo quiere que su hermano vuelva a Asgard y el Capitán América sigue mentalmente en 1945. No será fácil que colaboren…
Con ‘Los Vengadores’, Whedon se enfrentaba a varios retos importantes, y el mayor era construir una narración con una participación equilibrada de los protagonistas de las películas anteriores de Marvel, que además tenían que funcionar como grupo, por primera vez en la gran pantalla. No solo resulta victorioso el cineasta manejando a los pesos pesados (Iron Man, Hulk, Thor y Capitán América) sino que se atreve a aumentar la relevancia de otros personajes que hasta ahora no habían contado con muchos minutos en el universo cinematográfico de Marvel e incluso se permite el lujo de introducir algún personaje nuevo (Maria Hill, interpretada por Cobie Smulders). Así que no es una película sobre cuatro superhéroes enfrentados a un supervillano, es un espectáculo de humor y acción con hasta once personajes relevantes. Los más beneficiados con la entrada de Whedon en la franquicia (autor del guion a partir de una historia escrita junto a Zak Penn) son Viuda Negra (Scarlett Johansson), Ojo de Halcón (Jeremy Renner, que solo había aparecido en un cameo en ‘Thor’), Nick Furia (Samuel L. Jackson) y Phil Coulson (Clark Gregg), al que se le reserva un lugar fundamental en la trama.
Joss Whedon habla con Mark Ruffalo y Robert Downey Jr. durante el rodaje de Los Vengadores
El trabajo de Whedon con los personajes es recompensado por los actores. No solo hay un buen puñado de personajes, algo que enriquece la película, es que todos están encarnados con sorprendente convicción. Por supuesto, es cine de entretenimiento, la acción y los efectos visuales son importantes en la trama, pero cualquiera que haya visto películas de superhéroes o similares sabe cuándo los actores se creen lo que están haciendo y cuándo están simplemente ahí, poniendo caras y soltando diálogos. Aquí, el reparto está impecable. Ojo a escenas como la de Loki arrodillando a la gente en Stuttgart, el discurso de Furia para animar a los héroes o esa charla entre Viuda Negra y Ojo de Halcón sobre la identidad. Whedon, apasionado con el material que tiene entre manos, abusa en ocasiones de las conversaciones y las peleas (impagable el Thor versus Hulk), pero es disculpable por la importancia de la ocasión, una reunión de personajes tan populares, interpretados además con tanto respeto, verosimilitud y sentido del humor. Es una gozada, aunque imagino que los espectadores que no han leído un cómic en su vida o que prefieren dramas sociales no entenderán nada ni serán capaces de sumergirse en la ficción propuesta, sencillamente porque el producto no está hecho para ellos. Decía el productor Kevin Feige que ‘Los Vengadores’ se podía disfrutar sin haber visto las otras películas de Marvel, pero no es cierto, él solo piensa en la taquilla. Hay que ver las anteriores, la nueva arranca a partir de ellas.
Todos los implicados dan por seguro que habrá ‘Los Vengadores 2’ y de hecho hay un breve avance en medio de los créditos donde se adelanta la identidad del próximo villano. Pero Joss Whedon no ha aclarado si va a dirigirla; dependerá de la taquilla, como siempre. De momento la película está funcionando muy bien y aún tiene que llegar a muchos países, entre ellos Estados Unidos (allí se estrena el 4 de mayo), el hogar de los superhéroes, por lo que el éxito parece asegurado. Y en principio eso es una doble buena noticia. Primero porque es de suponer que los ejecutivos de Marvel (y Disney) permitirán mayor libertad creativa a Whedon, quien no tendrá que perseguir otro inmenso clímax a lo ‘Transformers 3’ (al que por cierto supera en emoción, dejando a Michael Bay en evidencia), y segundo porque significa el triunfo de otro enfoque del cine-espectáculo. Desde que Christopher Nolan rescatara a Batman entusiasmando a crítica y público, parecía que la industria estaba algo obsesionada con un estilo realista y oscuro, cuando hay historias y personajes que demandan otro tono. ‘Los Vengadores’ es una apuesta por la aventura fantástica donde la épica y el drama encajan con la comedia. Hay momentos de auténtica carcajada. Pero es lógico, son tíos con disfraces ridículos peleando contra aliens y dioses; es imprescindible dejar espacio para el humor. Whedon lo aprovecha, y yo se lo agradezco.
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Otra crítica en Blogdecine | ‘Los Vengadores’, Campo de batalla: La Tierra





martes, mayo 01, 2012

Guillermo Ortiz: La Copa de Europa de Luis Aragonés

Guillermo Ortiz: La Copa de Europa de Luis Aragonés:
Durante muchos años, el malditismo del Atleti tuvo más que ver con una pose estética que con una realidad matemática. Hasta la llegada de Alfredo Di Stéfano en los 50, el Atlético Aviación, nombre por entonces del club rojiblanco, fue el primer equipo de Madrid y uno de los tres dominadores del campeonato nacional junto a Barcelona y Athletic de Bilbao. Campeón de liga con Helenio Herrera en los 50, contó con jugadores como Peiró, Collar o Ben Barek , a los que se irían uniendo poco a poco Luis Aragonés, Calleja, Adelardo, Ufarte, Irureta… Durante todo ese período, su palmarés no mereció queja alguna: en 1973 sumó su séptima liga, a las que sumar 4 Copas y 1 Recopa, más varios títulos secundarios.
Sin embargo, el hincha atlético, desde el Metropolitano al Manzanares, necesitaba la melancolía, el pesimismo, la sensación del destino estrellándose contra la madera. Puede que todo viniera de las decepciones de 1960 a 1965, cuando el equipo sumó tres subcampeonatos de liga y uno de copa o de los desempates europeos que comentaremos más tarde, pero, en resumen, su trayectoria no era mucho peor que la del Barcelona, por poner un ejemplo.
Todo estaba llamado a cambiar en los 70, con un equipo de ensueño dirigido desde el banquillo por Max Merkel, conocido como “Mister Látigo”, el tipo de entrenador que encandila a la grada con su método y su seriedad y que tan poco frecuentaría el banquillo colchonero en años posteriores, los años de los Menotti y compañía, entrenamientos vespertinos, mágicos ochenta de discotecas madrileñas y primeras supermodelos. El Atlético de Madrid finalmente había conseguido reunir probablemente al mejor equipo de su historia después de ganar las ligas de 1970 y 1973 más la Copa del Generalísimo de 1972.
Eso era un equipo ganador, se pongan como se pongan algunos, más en los tiempos en que Real Madrid y Barcelona no conseguían reubicarse: los primeros, en la transición del equipo “ye-ye” al de “los Garcías” y el segundo, perdido en sus múltiples crisis de identidad, fiado todo al talento de Cruyff y la magia técnica de Michels, sin demasiado éxito, todo hay que decirlo.
En la plantilla seguían los veteranos Aragonés, Adelardo y Ufarte, pero la manija la compartían con el eléctrico Ayala, el siempre técnico Irureta, el contundente Heredia y la referencia goleadora: José Eulogio Gárate. Sumen a Reina bajo los palos, el mejor portero junto a Iríbar de aquella época, y tendrán mimbres de sobra para intentar algo grande. Hablamos, por supuesto, de la Copa de Europa.
El papel del Atleti fuera de España siempre había sido algo gris: aparte de la Recopa de 1962 y la final del año siguiente, el club no había conseguido establecerse dentro de la jerarquía continental. Sus actuaciones en la Copa de Europa se contaban por decepciones agónicas: en 1959, llegó a semifinales, eliminado por el Real Madrid en un emotivo desempate. En 1967, un nuevo desempate ante la Vojvodina, les dejó fuera en octavos de final. No hubo apelación a la mala suerte —ay, el “pupas”— en 1971, cuando el Ajax de Cruyff cortó el pase a la final de la generación de oro atlética con un contundente 3-0 en Amsterdam.
Los viejos demonios parecían repetirse en la primera ronda de 1974. El Galatasaray turco puso el autobús en el Calderón antes incluso de que se animara Maguregui y consiguió un empate a cero que complicaba mucho las cosas. En aquellos años, el “infierno turco” quizá no fuera lo que sería en los 90, pero Estambul no era una plaza agradable para sacar adelante eliminatoria alguna. De hecho, a los 90 minutos se volvió a llegar con 0-0 en el marcador. Prórroga. Nervios desbocados, el fracaso a la vuelta de la esquina… y Salcedo que marca en el minuto 100 tras varios rechaces, medio cayéndose en la frontal del área para clasificar al Atleti a los octavos de final, tiempos de ida y vuelta y muy pocas rondas, no el maratón televisivo de ahora con los caballos corriendo hasta la extenuación.
A partir de ahí, de esa tensión inicial, todo fue mucho mejor. Los rojiblancos habían empezado la liga como líderes, pero pronto se habían desentendido de la competición, llegando a caer al noveno puesto en la undécima jornada. Solo un increíble arreón final les permitiría acabar en segunda posición, a una distancia respetable del Barcelona de Cruyff. Las ilusiones y los esfuerzos estaban reservados para Europa y el siguiente obstáculo era el Dinamo Bucarest, que venía de eliminar 0-12 al Crusaders. Los equipos del este eran muy peligrosos por entonces, en los tiempos del telón de acero. El Atlético ganó 0-2 en Bucarest para encarrilar la eliminatoria y cedió un intrascendente empate a dos en la vuelta, alcanzando los cuartos.
El sorteo deparó al Estrella Roja de Belgrado, un equipo temible que venía de eliminar al Liverpool derrotándole en el Pequeño Maracaná y en el mismísimo Anfield. El fútbol yugoslavo, como su baloncesto, estaba en un momento de apogeo, y la exigencia era máxima: en la ida, de nuevo, 0-2, goles de Luis Aragonés en el minuto 9 y de Gárate en el 80. Era el tercer triunfo a domicilio en tres rondas europeas, un estilo muy atlético de plantarse en semifinales, siempre a la contra. En la vuelta, algunos apuros para certificar el pase con un 0-0 triste pero suficiente.
Por tercera vez en su historia, el Atlético de Madrid llegaba a semifinales de la máxima competición europea y ahí su rival no sería ni el Real Madrid de Di Stefano y Puskas ni el Ajax de Cruyff… sino el Celtic de Glasgow.
Hablar ahora el Celtic de Glasgow es hablar de una sombra, pero por entonces aquel equipo sumaba nueve ligas consecutivas en Escocia y había sido campeón de Europa en 1967 con un grupo similar de jugadores. Cierto es que aquel año su devenir por la competición había sido de un perfil muy bajo: un equipo finlandés, uno danés y uno suizo para llegar hasta semifinales. Poca tensión competitiva, como la que tenían en su propia liga y la sensación de jugárselo a todo o nada, en 90 minutos, en Celtic Park. Ahí, el Atleti se defendió como pudo, aguantó las arremetidas de los escoceses y los insultos de los primeros hooligans y sacó un empate a cero prometedor incluso acabando el partido con ocho jugadores. Épico.
El pase a la final se jugaría en el Manzanares, frente a su público. El empate obligaba a un partido extra; la victoria, por el resultado que fuera, le dejaba a un paso de su primera Copa de Europa. Si el Atlético de Madrid realmente hubiera sido un equipo perdedor por entonces, lo lógico es que lo hubiera demostrado con una decepción por todo lo bajo. No fue así. Tras un primer tiempo donde los escoceses pusieron el peligro, como en la ida, los rojiblancos tiraron de orgullo liderados por los goles de Gárate y Adelardo en los últimos quince minutos de partido. Después de toda la bronca del encuentro de ida, las peleas, los expulsados, la tensión desesperante… el público podía preparar su viaje a Bruselas. Ahí le esperaba el Bayern de Munich de Beckenbauer, Müller, Hoeness y el gran Sepp Meier.
Por supuesto, los alemanes eran favoritos. El Bayern sostenía la columna vertebral de la selección de la República Federal Alemana, la misma que había sido campeona de Europa en 1972 y sería campeona del mundo ese mismo verano de 1974. Su palmarés continental era más bien limitado: para ellos también era la primera final de su historia… aunque no sería la última, como bien sabemos. El Atlético de Madrid confiaba en la técnica y la resistencia mostrada ante el Celtic, casi heroica. El Bayern confiaba en sus grandes estrellas y en un ritmo machacón, que acabara con la paciencia rival.
Empatados a histeria, con pocas ocasiones, la final fue decepcionante. A los 90 minutos el resultado era de 0-0: por primera vez ningún equipo marcaba en el tiempo reglamentario de un partido definitivo. La prórroga siguió los patrones del resto del partido: pocos acercamientos pero peligrosos: Reina y Meier contundentes en sus áreas, Müller y Gárate buscando sin éxito su oportunidad. El tiempo se agotaba y aquello parecía irse irremediablemente al partido de desempate. Recordemos que hasta el Mundial de 1982 los penaltis no se introdujeron para decidir eliminatorias.
En el minuto 110, el árbitro pita una falta cerca del área pero algo escorada. Se acerca el gran veterano, Luis Aragonés. Luis era junto a Adelardo el encargado de poner orden en el vestuario. Probablemente, además, fuera el mejor jugador —o, al menos, el más técnico— que haya pasado por el club en su historia. A sus 35 años se encontraba con una oportunidad de poner su nombre en el estrellato del fútbol europeo. Se acercó al balón, superó la barrera con elegancia e hizo inútil la estirada de Meier. 1-0.
El Atleti rompía por fin la racha de fracasos europeos y lo hacía a lo grande. Aquello era el principio de una época, sin duda. Una época de dominio patrio y continental. Los minutos se convirtieron en una eufórica cuenta atrás sin que el Bayern pudiera recomponerse. La Copa de Europa del Atlético de Madrid. La Copa de Europa de Luis Aragonés. “La Primera”. Ningún club, salvo el Madrid, había ganado ese título y ya iba siendo hora de dar un poco de guerra.
No pudo ser.
Los ataques alemanes no iban a ningún lado: no había frescura, no había circulación. Un tosco central, Schwarzenbeck, decidió sacar la pelota buscando un compañero que no encontraba. Apenas quedaban 30 segundos para el final del partido y en el banquillo, los jugadores rojiblancos se abrazaban. El defensa siguió, algo confuso ante tanto campo recorrido, y casi a la desesperada soltó un latigazo antes de que el árbitro pitara el final. En toda su carrera, que duró hasta entrados los 80, metería poco más de 20 goles. Aquel disparo fue uno de ellos, imparable para Reina, que no se lo podía creer.
Nadie se lo podía creer, de hecho: la desolación era total y con la desolación, un inmenso sentimiento de injusticia. El desempate se jugó dos días después, también en Bruselas. Un trámite doloroso e innecesario. El Atleti estaba hundido física y mentalmente y el árbitro tampoco ayudó demasiado. Aquello acabó 4-0 y supuso el primero de tres títulos consecutivos para los de Munich.
Los colchoneros tendrían que esperar 36 largos años antes de llegar a ganar otro título europeo. El ciclo de victorias y euforia se convirtió en el más triste de la historia del club, que solo ha ganado dos ligas más desde entonces y centra su palmarés en las Copas del Rey que ha ido picoteando. El recuerdo de aquel equipo de los 70 siempre vendrá marcado por aquella desgracia, pero no lo olvidemos: para que esa desgracia ocurriera, había que llegar a Bruselas y para llegar a Bruselas había que jugar como los ángeles. Aquellos jugadores lo hacían.

La universidad va camino de convertirse en un servicio de lujo

La universidad va camino de convertirse en un servicio de lujo:
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El Gobierno de Mariano Rajoy sigue empeñado en que nos desintoxiquemos de nuestra adicción al Estado. Como ya hemos comentado con anterioridad en estas páginas, uno de los frentes de batalla en los que recortar gastos está siendo la educación universitaria, posiblemente uno de los pilares básicos para el progreso en cualquier país desarrollado y uno de los terrenos más pantanosos y peligrosos a largo plazo a la hora de hacer recortes.
Alejandro hizo hace unas semanas una interesante reflexión con motivo de las subidas de las tasas universitarias. En su artículo defendía la idea de que al aumentar las tasas se expulsaba a mucha gente de la universidad porque no podrían hacer frente a las mismas. Como solución propuso que la subida de tasas debía ir acompañada de un aumento de becas. ¿Y qué nos hemos encontrado? Justo lo contrario.

Desde Educación plantean que los universitarios españoles que cuentan con una beca deban superar el 90% de los créditos si quieren acceder a las becas generales y el 100% para tener derecho a la beca-salario, exigencias que se flexibilizan un poco para carreras más técnicas como Ingeniería o Arquitectura. Con esto, aunque cumplen su palabra de no reducir las becas generales, sí que endurecen las condiciones de acceso, lo cual es otra vía de recorte igual de letal.
Hasta hoy, para acceder a la beca general el primer año de carrera se necesitaba una nota de 5 y la superación del 80% de los créditos matriculados para conservarla (60% en ingenierías). A partir de ahora la nota de acceso será del 5,5 y para renovar la ayuda habrá que aprobar el 90% de los créditos (65% en ingenierías). Los que hemos sido estudiantes y becarios recordaremos la enorme dificultad que suponía lograr ese 80%, con lo que a partir de ahora para acceder a una beca habrá que sudar más que nunca.
Llamadme supersticioso, pero siempre he pensado que la cara de las personas es el reflejo de su alma. Digo esto porque la cara de Wert me desconcierta. No se si es su mirada, su poco pelo o la forma que tiene de sonreír, pero creo que este hombre tiene un pasajero oscuro que no muestra delante de las cámaras.
Sea como sea, mucho me temo que el rumbo que ha acordado para mejorar el sistema educativo no es el más acertado. ¿Por un lado machacamos la secundaria y por otro hacemos una élite de la universidad? No le veo demasiado sentido. ¡Visiten a las salas de profesores de los IES y a los pasillos de las universidades y pregunten! Sólo así mejoraremos el sistema.
En El Blog Salmón | Sí y no a los cambios en Educación Primaria y Secundaria, Profesor de secundaria: una profesión en crisis, ¿Tiene el sistema educativo español solución?, ¿Es buena idea subir las tasas universitarias?
Imagen | California Cthulhu (Will Hart)