miércoles, mayo 02, 2012

Cuentos de soldados – Ambrose Bierce

Cuentos de soldados – Ambrose Bierce:
Cuentos de soldados - Ambrose BierceCuando hablamos de los Cuentos inquietantes de Ambrose Bierce ya hicimos referencia a su especial capacidad para presentar personajes únicos y situaciones dramáticas. Si entonces el contexto era fantástico, dada la condición de los relatos, en esta ocasión esa misma habilidad se pone de manifiesto de manera mucha más cruda y descarnada en unas historias que tratan sobre la guerra; situación ésta que da lugar a que la mirada incisiva del autor escarbe sin piedad en los entresijos de unos personajes desamparados como pocos.
La propia experiencia de Bierce como combatiente en la Guerra de Secesión estadounidense le sirvió en gran medida para comprender la futilidad de la contienda: aunque valiente y tenaz como soldado, el joven escritor descubrió la insensatez de un hecho como aquel. Bierce aborda la guerra como un elemento de perturbación, de confusión, de locura, de irracionalidad: lejos de retratar el heroísmo o la nobleza de las personas que participan en ella, se fija en los detalles que la convierten en cruenta y absurda; su especial sensibilidad para mostrar la insania y la perturbación de los personajes alcanza cotas magistrales en algunos de estos cuentos, verdaderas joyas de la psicología.
Inolvidable es “Chickamauga”, un breve relato que nos ofrecerá una visión de la contienda a través de la inocencia de los ojos de un niño; la retirada de un ejército abatido y maltrecho le sirve al autor para ilustrar, con un patetismo desgarrador, el horror que encierra una guerra y los efectos devastadores que tiene sobre todos los que participan en ella, tanto en el frente como en la retaguardia. La escena en la que el niño marcha frente a los heridos imaginando que es un capitán al mando de su tropa es demoledora, tanto por la belleza con la que está narrada como por el trasfondo terrorífico que se desprende de ella.
Bierce siempre aborda la descripción del conflicto desde la subjetividad de alguno de los participantes (aunque su mirada sea universal como pocas, gracias a su comprensión de la naturaleza humana). Quizá por ello muchos de estos relatos ilustran la experiencia de la soledad ante la muerte como una consecuencia inevitable de la contienda; “Uno de los desaparecidos” o “Episodio en el puente de Owl Creek” ofrecen buenos ejemplos de ello, si bien desde perspectivas diferentes: en el primero es un soldado el que afronta el peligro al batirse en reconocimiento; en el segundo, un civil es condenado a muerte por espionaje al tratar de defender a su familia.
De hecho, no sólo es relevante la soledad de los participantes en un conflicto, sino la futilidad de sus acciones, la irrelevancia de sus comportamientos. Lejos de ensalzar el heroísmo o la resolución, el escritor siempre se centra en reflejar la inutilidad de la acción individual frente al conjunto de absurdos que constituye la contienda. “Un hijo de los dioses” es el relato que mejor ilustra esta característica, presentándonos a un valeroso jinete que se arriesga a descubrir las líneas enemigas en un momento complicado para su bando; su honorable acción, como no podía ser de otra manera, se salda con su muerte y con la de muchos compañeros. La heroicidad, parece decirnos Bierce, es inútil frente al caos destructivo de la guerra.
Cuentos de soldados es, en pocas palabras, una colección de joyas literarias que encierran al mejor Ambrose Bierce; un surtido de relatos cuidados en la forma, elegantes y de una poesía sutil y desconcertante. Pero sobre todo unos textos que no dejan indiferente a nadie, que nos golpean en lo más profundo con el convencimiento de que no hay nada más perturbador que profundizar en la mente humana para comprender que el terror somos nosotros mismos. No lo dejen pasar.
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