La biografía de Federico Jiménez Losantos es de todo menos aburrida y convencional. En ella encontramos comunas libertarias en la Barcelona de los años 70 y un amor fugaz en un campo de concentración de la China maoísta; grupos pictóricos avant de la avant-garde y revistas de psicoanálisis; candidaturas por el Partido Socialista de Aragón a las elecciones catalanas y un libro de haikus. Por su vida desfilan, algunos rompiendo el paso, los hermanos Labordeta (José Antonio y Miguel), Alberto Cardín, Santiago Auserón, Quim Monzó, el PCE, el PCUS y Kaka de Luxe. De cómo todo ello desembocó en una ideología liberal, es algo que nos cuenta una mañana justo después de terminar el programa que de lunes a viernes dirige en Es Radio. De lo que no forma parte de su trayectoria vital, pero sí de la de todo un país, también expresa su punto de vista: la Iglesia Católica, el Partido Socialista de ayer y de hoy, la Familia Real (incluyendo a Froilán) y la literatura y el Mal. Porque oigan, no es necesario nacer en una gran ciudad para tener una vida más que interesante.
Naciste en un pueblo muy pequeño, Orihuela del Tremedal, y conseguiste una beca para ir a estudiar a Teruel, donde mantuviste una relación muy estrecha con José Antonio Labordeta. ¿Qué recuerdo guardas de él?
Fue mi profesor y mi amigo, casi un segundo padre. Labordeta me daba clases de Historia del Arte y José Sanchis Sinisterra, a quien acaban de dar el premio Max de teatro, era mi profesor de Literatura. En esos años de mi adolescencia, desde los quince años que tenía cuando empezaron a ser mis profesores hasta los diecisiete, es decir quinto, sexto y COU, entonces PREU, estuvimos haciendo teatro. Hicimos de todo y lo pasamos divinamente. Mi padre murió cuando yo tenía dieciséis años y, de alguna manera, entre ambos formaron la figura paterna de mi adolescencia; sobre todo Labordeta, que era un hombre mucho más cálido. Aparte de que fue quien me dio los libros y orientó mis lecturas. En fin, una persona muy generosa.
Mantuviste con él una relación cordial, pese a la divergencia política.
Hasta el final. Siempre he dicho que el problema de Labordeta es que no tenía ideas políticas. Yo tenía ideas equivocadas, pero él tenía manías y afectos. Era una persona más de sentimientos que de ideas. Pero faltaría más que fuéramos tan sectarios uno y otro como para estropear una relación de tanto tiempo por una cuestión política. Significaría que seríamos sectarios, chequistas, y eso ni lo he sido nunca yo, ni lo fue nunca Labordeta.
Labordeta apoyó a Trama, el grupo de artistas que fundaste a principios de los años 70.
Es quien pagó el único cuadro que vendimos. En ese grupo estaba Broto, que luego ha hecho tanta carrera en todo el mundo; estaban Javier Rubio, Grau y Gonzalo Tena, que también había hecho teatro conmigo en Teruel, junto con Labordeta y con Pepe Sanchís. Es un grupo que está muy unido a Teruel desde el principio, como casi todas las empresas culturales aragonesas de los 70: la revista Andalán y muchos otros proyectos que vienen del instituto de Teruel.
¿Te parece justificado que Broto sea el más reconocido del grupo?
Es el que más en serio se ha tomado su trabajo. Desde el principio fue un tipo que a las ocho de la mañana se iba a un estudio que tenía en Barcelona; su mujer Rosa —matrimonio que continúa unido a día de hoy, algo milagrosos en nuestra generación— trabajaba para que José Manuel pudiera pintar. Tuvo siempre claro que iba a pintar y sólo a pintar. Creo que tanto en Gonzalo como en Javier y, en menor medida, en Javier Grau, no había esa cosa obsesiva que es típica de los pintores y que hace falta para mantenerse, junto con la suerte y un buen marchante, en su caso Maeght, que lo cogió justo cuando formamos el grupo Trama. Lo que ha sabido es mantenerse mucho tiempo, cosa que es muy complicada. Cuando ya ganas dinero no te apetece seguir manteniendo la disciplina de levantarte a las siete a pintar.
¿Qué aportasteis como grupo artístico?
Lo que hicimos fue la crítica del arte conceptual a partir de un movimiento que se produjo en toda Europa. En Francia se llamó Art Brut; en España además de nosotros estaba Antoni Tàpies, precisamente porque era quien estaba más en contra de los montajes conceptuales, que me siguen pareciendo un verdadero horror. Tàpies nos ayudó mucho, fue como nuestro padrino.
¿Lo que llaman instalaciones?
Bueno, “performance” y tal. A mí que una señora se depile en Venecia me da igual. Había una mujer en Barcelona, esto es maravilloso, que se enterraba viva y se iba fotografiando conforme pasaban las horas. Y luego se fotografiaba encima de un árbol. Que alguien se saque doce fotos en distintos estados de enterramiento me parece una tomadura de pelo. Si para algo sirve Velázquez es para evitar esas bobadas. Pero en nuestra época mandaba de tal manera el arte conceptual que resultábamos unos tipos rarísimos los que queríamos volver a un tipo de arte que, si bien no era figurativo, sí era arte, era pintura. Y en este sentido el grupo tuvo mucho eco, sobre todo por el talento de estos cuatro pintores —yo afortunadamente no pintaba; hacía textos, que era peor—. Eran muy buenos; desde el principio se vio que Broto iba a triunfar.
¿Qué pintores contemporáneos te gustan?
Podría repetir lo que dijo Dalí un día que estaba afortunado. Salía del Museo del Prado y le dijeron “Don Salvador, ¿qué hay de nuevo?”; y él respondió “¿Qué hay de nuevo? ¡Velázquez!” Cada día me gustan más Velázquez y los clásicos. Me gusta mucho Matisse; de la parte impresionista, la que está cerca de lo fauve … de abstracto me gusta Rothko; me gusta parte del expresionismo abstracto americano. Me gusta Ferran García Sevilla, que era amigo nuestro en Barcelona; me gusta Broto, me gusta el primer Barceló, no el africano este medio místico, me gustan cosas de Sicilia, Pelayo Ortega… siempre ha habido muchos pintores buenos en España, lo que quizá no haya ahora es un marketing para una generación, eso antes se hacía. Se decía, por ejemplo, que tal pintor era del grupo Trama: empezaron aquí, acabaron aquí… ahora eso no se hace.
¿Por qué?
Creo que por falta de ambición de las galerías y porque el crítico de arte va lampando y pilla cualquier cosa, pero siempre el pintor suelto. Eso al pintor le viene bien a corto plazo. A la larga, creo que comercialmente es mejor tener una generación o grupo que te identifique.
¿Cómo surgió la idea de hacer Diwan?
Empieza en la revista de literatura que hacemos Cardín y yo en la Universidad Central de Barcelona. Es la continuación de la revista de literatura, que se hacía en catalán y en castellano. Allí empieza a escribir Quim Monzó, por ejemplo. El primero que publica a Monzó en catalán soy yo, aunque ahora se echa a perder en La Vanguardia. Y mucha otra gente que escribía en catalán y castellano, porque era la libertad que siempre defendimos. De la revista de literatura salen Diwan y Trama. Diwan es una revista trimestral de la que salen doce números y se dedica a la literatura, la filosofía y el psicoanálisis. Trama se centró en pintura, pero sólo sacó dos números, pagados ambos por Maeght, por supuesto.
¿Qué recuerdas de Alberto Cardín?
Viéndolo en perspectiva, junto con Labordeta es de esas personas importantes en tu vida, de las que te hacen ver las cosas de una manera especial. A los dieciséis años es normal, quién no tiene un profesor que le marca una vocación; pero Alberto era una persona muy singular, muy complicada, muy torturada y atormentada, y he contado en Barcelona, la ciudad que fue cómo llegué a conocerlo. Él venía de Canadá con una especie de piel roja teñida, con los ojos pintados y con paillettes dorados en la cara. No es que fuera una loca, es que iba más allá de lo que entonces se veía aquí en España. Pero luego era un tipo muy serio, alumno de Gustavo Bueno; había estudiado antropología y había basado su tesis sobre la homosexualidad en los indios de las praderas, pero al final la quemó, la tiró, o lo que fuera. Llegó a Barcelona; yo sabía bastante de política, de marxismo, de psicoanálisis; él sabía de filosofía clásica, de teología, de antropología… y de ahí viene el grupo. No entró mucho en la pintura, no la entendía. Pero sí fue una época de unos cuatro o cinco años de una intensidad creativa en aquella Barcelona de los 70, que era maravillosa. Nos pasábamos el día en la Filmoteca, porque la universidad siempre estaba cerrada y te regalaban el aprobado; yo iba a algunas asignaturas a examinarme simplemente para obtener la matrícula de honor. En un año determinado fui ocho días a clase, y tengo de ese año dos o tres matrículas de honor. Pero en cambio era la Barcelona donde estaban García Márquez, Vargas Llosa, etcétera, que venían a contarnos su obra a las clases de Literatura Hispanoamericana. El resto del tiempo lo pasábamos en la Filmoteca y hablando en el Café de la Ópera. Fueron unos años maravillosos. Vivíamos casi del aire en una especie de comuna en la calle Hospital y lo pasábamos muy bien; los heteros vivíamos en una comuna y los homos vivían en otra, en la calle Portaferrissa. Cardín era un tipo imposible para mantener una amistad formal con él a largo plazo, porque necesitaba reñir con la gente de vez en cuando, pero era un tipo de una calidad intelectual extraordinaria. Fuimos un tándem que funcionó muy bien durante un tiempo.
¿Ves alguna diferencia entre él, que se podría considerar un activista homosexual…
Sí, el primer libro sobre el SIDA lo escribe él.
…con los activistas homosexuales actuales?
No tienen nada que ver, en absoluto. Alberto era homosexual y lo decía, como lo era Ocaña o lo era Nazario, de una manera digamos normal. Lo que se buscaba es que no fuera una actividad penada por la ley. Pero hacer carrera política por tu opción sexual es como hacer carrera política persiguiendo gays, una cosa execrable. Alberto desde el principio tuvo una relación malísima con el FAGC, que era el Front d’Alliberament Gai de Catalunya. Es decir, la fachada política de izquierda y nacionalista del movimiento gay en Barcelona, que tiene mucha fuerza. Es el primero que en España realmente conquista zonas enteras. Las Ramblas era un paraíso gay, donde bajaban a ligar los niños de la parte alta de Barcelona los fines de semana. Bueno, los niños y los padres. Se ha ganado mucho en algunas cosas, pero lo que era un activismo que buscaba la igualdad se ha convertido en una búsqueda de la subvención de la diversidad. La diversidad es natural, la opción sexual de cada uno, que además puede cambiar a lo largo de la vida, depende de con quién te encuentres; no es algo que tenga que estar penado, pero tampoco subvencionado. Es una opción libre, y eso Alberto lo vio desde el principio porque lo sufrió con el FAGC. Ahora se ve con más claridad que entonces.
¿Qué te empujó a hacer periodismo? Porque tu formación es en Filología.
Me empujó Pedro Jota. Después del atentado de Barcelona vengo a Madrid y entonces Pedro Jota empieza a pedirme colaboraciones —había estado en El País hasta un año antes—. El País se pasó a Jordi Pujol, yo me fui y me fichó Sánchez-Dragó para Disidencias, suplemento cultural de Diario 16. Entonces se le metió en la cabeza a Pedro Jota que necesitaba un jefe de opinión igual que El País tenía a Javier Pradera y el ABC a Darío Valcárcel. Se empeñó en que tenía que ser el jefe de opinión. Yo no quería.
En Diario 16.
Exacto, que era un periódico extraordinario y burbujeante. Aquello era un caos, pero un caos creativo. Después de un año, cuando llegan las elecciones de 1982, pido una excedencia de un año para probar el periodismo. Más que nada para que Pedro Jota dejara de darme la paliza, porque es el tío más pesado del mundo. Empiezo a hacer editoriales en Diario 16 y entonces saca Maravall una ley de incompatibilidades que obligaba a estar 40 horas en el instituto, y yo estaba en la cátedra de Literatura del Lope de Vega de Madrid, que es el último instituto femenino que ha habido. Claro, de pasar de ver a las chicas de COU de 16 a 17 años todos los días a ver a Pedro Jota, Fernando Reinlein y José Luis Gutiérrez había un cambio estético a peor. Pero la temperatura política tenía una adrenalina especial: cómo se vivía después del golpe, el juicio del 23F, los mapas que aparecían indicando cómo podían entrar para fusilarnos primero a los de Diario 16 y después a los de El País, que estaban detrás… Y entré, como digo, porque Pedro Jota se empeñó; y además yo pensaba que era temporal, y ya ves.
¿Cómo es lo de estos esquemas o mapas que acabas de mencionar?
Durante el juicio del 23F aparecieron varios esquemas de la toma de Madrid, lo que se llamó “El golpe de los coroneles”. Una vez fallido el de los generales Armada y Milans, tenían preparado lo que se llamaba un golpe duro —aunque yo no sé de ningún golpe que sea blando— que denominaron “el de los coroneles”. Como habían escarmentado, sabían que lo primero que tenían que hacer era neutralizar los medios de comunicación. Y en la calle San Romulado nº 26 estaba Diario 16; pillaba justo a la entrada y muy cerca estaban El País y Cambio 16. Había un esquema, creo que se publicó en Diario 16, según el cual los primeros a los que les tocaba era a nosotros. Estábamos en la sexta planta; lo terrible es que en la tercera estaban los de El Alcázar, que era el periódico golpista. Pues hubo gente que pasó a tomar café con los de El Alcázar. ¡Nosotros, que éramos liberales los de opinión y rojos el resto! No entiendo cómo hay gente que tiene esa habilidad. Claro, son los que se salvan en los golpes y las guerras civiles. Había gente que desde que apareció aquel mapa del golpe de los coroneles empezó a tomar café en El Alcázar. Cada vez que subíamos en el ascensor era tremendo: unos íbamos al tercero y otros al sexto, y se supone que unos iban a fusilar a otros. Era una cosa grotesca. El Alcázar lo cerraron de una manera injusta, porque no fue por golpista sino por otras historias, y lo que lamento es que tenían un escritor sensacional, García Serrano, y dejamos de tener la oportunidad de leerlo. Era un prosista magnífico. Todo lo que decía eran barbaridades, pero qué bien las escribía.
Has mencionado antes del atentado de Terra Lliure contra ti. ¿Fue por escribir Lo que queda de España, por el manifiesto de los 2.300 o por otras razones?
Fue por el manifiesto, básicamente, aunque también porque había publicado en el 79 Lo que queda de España, la primera vez que se denuncia lo que ha pasado en Cataluña. Es decir, la imposición del catalán en todos los ámbitos de la vida pública y la prohibición —ni siquiera llegué a suponer que llegarían a multarlo— de utilizar el castellano o español, que es la lengua de la mayoría de la población de Cataluña, donde hay más gente que tiene como lengua materna el castellano que el catalán. Creo que ellos querían hacer un escarmiento y me encontraron a mí como le podía haber tocado a Amando de Miguel u otro, pero yo era el más fácil de secuestrar, porque tenía un horario nocturno en el instituto que lo favorecía. Tuve la suerte de escapar con vida, me podía haber quedado allí, pero me secuestraron con una compañera que se pudo desatar —me dejaron atado a un árbol con un tiro en la rodilla— y tuvimos la suerte de que en seguida pasó un coche de la policía que estaba haciendo la ronda por las afueras, cerca de donde está La Masia del Barça —entonces no estaba allí esa escuela de arte dramático—, y al cuarto de hora o media hora la policía me llevó al hospital. Porque Terra Lliure anunció el secuestro y el atentado dos horas después, así que me habría muerto atado a un olivo… ni siquiera era olivo, era algarrobo.
Tú empezaste siendo comunista…
Empecé en el PCE.
…pasaste por el Partido Socialista de Aragón…
No, estuve tres meses. Quería algo como lo que hoy en día es el movimiento Ciudadanos. Nos enteramos de que se iba a presentar el Partido Socialista Andaluz a las elecciones catalanas, contra la catalanización forzosa, y yo tenía amigos —Labordeta no estaba, aunque había participado en la fundación del partido, pero sí Emilio Gastón, el que luego fue Consejero de Justicia de Aragón y diputado en Madrid— que estaban también muy cabreados. Porque tanto defender el idioma catalán para eso… yo estuve en Monserrat, en el primer congreso de la lengua catalana que se celebró en la clandestinidad, pero una cosa es la libertad y otras es cambiar una dictadura por otra. Entonces quisimos hacer el Partido Socialista de Aragón en Cataluña para, junto a otros grupos, crear un movimiento que fuera de carácter nacional, por supuesto con muchos elementos catalanes. Es lo que veintitantos años después fue Ciudadanos. Aquello fracasó porque en las elecciones de 1980, las que ganó Pujol, a pesar de que teníamos el apoyo de Tarradellas y de mucha gente que conocía a Pujol y sabía lo que iba a hacer, al final UCD prefirió pactar con el PSA, que se presentó en solitario. Un amigo de esa época también de Diwan, Santiago Trancón, que era del PSOE, junto con otros del PSOE y de UGT, hicieron el manifiesto de los 2.300. Yo ya tenía el traslado a Madrid, ya estaba harto de Barcelona, y como no me iba a poner a pegar tiros por allí, decidí venirme a Madrid. Entonces ocurrió el atentado, del que luego han presumido tanto, que tuvo un efecto letal. Todos los que habíamos vivido la Barcelona libertaria de los 70, en los 80 es que te jugabas la vida.
¿Es cierto que fue en un viaje a China donde pensaste que el comunismo era un error?
No, ya lo tenía pensado. Terminó de convencerme un campo de concentración que nos enseñaron en el año 76, el último año de vida de Mao. Allí conocí a una chica, que estaba allí presa, y tuve una especie de flechazo. Era hija de los comunistas chinos que habían estado en París co Zhou Enlai y en la guerra civil española. ¡Se sabía canciones de la guerra civil! Ver a una chica que te gusta y que le gustas y no saber si al día siguiente la iban a fusilar, porque en un campo de concentración te pueden matar en cualquier momento… Pero yo ya no era comunista, sobre todo por la lectura de Solzhenitsyn, de los disidentes rusos y de algunos liberales españoles, como Madariaga. Pero no es lo mismo leerlo que verlo.
¿Cómo tuviste acceso al campo?
Según la teoría maoísta, España era el eslabón más débil del capitalismo mundial. Después de la Revolución de los Claveles le tocaba a España, pero no querían que, como Portugal, terminara dentro de la órbita soviética. Entonces, a través de una agencia que era de gente que estaba ligada a Bandera Roja —que era, digamos, la rama fina del PSUC—, donde estuve yo unos meses, nos hacían un precio tirado y estuvimos prácticamente un mes recorriendo China sin restricciones porque éramos de fiar. Había algunos turistas de relleno y había otros que o bien éramos excomunistas o comunistas de tendencia maoísta. Total, que allí nos plantamos cien tíos; nos tiramos todo un mes viéndolo todo. Porque como éramos de confianza nos enseñaban desde refugios antinucleares grotescos hasta campos de concentración. Lo piensas ahora y dices que ese país estaba loco. Efectivamente, estaba loco. En Pekín brindaban a favor de Deng Xiaoping y en Shanghai deseaban la muerte a Deng Xiaoping mientras brindaban. Pero allí, más que descreer del comunismo, que eso ya había sucedido, experimenté la voluntad de combatirlo, que no es lo mismo. Una cosa es dejar de ser comunista y otra cosa es ser anticomunista. Esa noche en aquel campo de concentración, lo recuerdo como si fuera hoy, lo que me hice fue el propósito de que todos los días de mi vida estarían dedicados a combatir eso y lo que se le pareciera.
¿El comunismo es una buena idea que salió mal o es una mala idea?
Es una mala idea que se basa en un buen sentimiento, el de ayudar a los demás y a los pobres, el de la igualdad, el de que la gente que hemos nacido en un hogar pobre tengamos los mismos derechos y las mismas posibilidades que alguien que ha nacido en una casa rica, el de ayudar al que no se puede valer… ese sentimiento hizo que, al menos en mi generación, el comunismo fuera una sustitución del catolicismo; perdías la fe pero no el sentimiento católico de la caridad y la humanidad. Eso se traslada como sentimiento a la ideología comunista. Pero la ideología comunista no tiene nada de caritativa, es implacable. Ni tiene nada de igualitaria, es radicalmente desigual, porque el partido único tiene derecho a todo y los demás tienen derecho a obedecer. De manera que es una pésima idea que no ha dado lugar más que a más pobreza para los pobres, a crear una nueva casta privilegiada, que es la del partido comunista, pero que está basada en un sentimiento noble, que es el sentimiento de ayudar a los que menos tienen. Lo que pasa es que cuando las cosas se lían y se mezclan… se dice que con buenos sentimientos no se hace buena literatura. Pues tampoco se hace buena política.
¿Qué diferencia hay entre ser liberal y ser de ultraderecha?
Para un socialista ninguna, porque como tenemos el partido socialista más tonto de los últimos setenta años, no tienen ni idea de nada. Nunca han sido muy listos, pero por lo menos antes de la guerra contaban con Besteiro y todo su grupo, que era gente civilizada. Todavía en el primer gobierno de Felipe González había gente con cultura. Estaba Boyer, estaba Maravall… Alfonso Guerra no, que no había leído más que las solapas de los libros, pero había gente de categoría intelectual: Gómez Llorente, Tierno… era un partido socialista que tenía lecturas, y a nadie se le ocurría decir que un liberal es la ultraderecha, porque la ultraderecha en todas partes es estatalista y antiliberal. Lo ha sido en España, lo es en Francia y lo ha sido en todas partes. Solamente un merluzo puede creer que un liberal es de ultraderecha o aún peor: que uno de ultraderecha es un liberal. Pero es que tenemos una izquierda que domina los medios y los eslóganes, que está compuesta básicamente por analfabetos y por iletrados. Es como decir que quien mejor come carne es un vegetariano. No. O es carnívoro o es vegetariano. O es liberal o es de ultraderecha, pero las dos cosas no pueden ser.
Me gustaría mencionarte unos aspectos de la teoría liberal y a ver cómo me los puedes justificar.
Eso quiere decir que los quieres atacar…
Si no lo tengo mal entendido, el liberalismo defiende que cada cual se pague su atención sanitaria.
No, veo que tienes los prejuicios de Barranco y de Tomás Gómez.
¿En qué consiste entonces?
La teoría liberal sostiene que el Estado tiene que subvenir a aquellas personas que no tienen manera de valerse: un parado, un enfermo, alguien que necesita un trasplante y no tiene dinero… ¿Tenemos que pagar todas las operaciones? ¿Si los niños de las Koplowitz necesitan una operación la tenemos que pagar todos con nuestros impuestos? Pues no. Hay un área que el Estado tiene que atender en la Sanidad y otra que no. A mí me encanta ir a la farmacia, soy de los que se compran vitaminas y tal. Me las pago yo. Si fuera médico me haría una receta y me saldría gratis, pero eso me parece una estafa. La Sanidad en España tiene un parte que está muy bien —dicho sea de paso, la que monta Franco en los años 60-70, ésa es la Seguridad Social que tenemos—, que hay que mantener, que es la de ayudar al que no tiene medios. Pero el que tiene dinero no puede abusar de los que están machacados a impuestos: el autónomo, el camarero, los que trabajan doce horas diarias para luego estar pagando la universidad o la sanidad de alguien que tiene dinero. Las cosas no son gratis salvo para el que no tiene con qué pagarlas.
¿Qué te parecen las medidas en cuanto a Sanidad que han salido este mes de abril?
Me parecen confusas. El decir que en función de la renta se pagará más o menos… eso es imposible. ¿Cómo dices la renta que tienes al mismo tiempo que haces una amnistía fiscal? ¿Y los que trabajan en negro y viven de la economía sumergida y dicen que no cobran nada pero te llegan con un Mercedes? Creo que eso es un error. En mi opinión, si hay que pagar el 20% de las recetas, hay que pagarlo, y al que no tiene, que está dentro de las medidas, se lo paga el Estado. En Alemania tienen tres escalones de pago. Primero para ir al médico, que cuesta un euro. Después, para obtener una receta del médico pagas diez euros. Y a partir de ahí depende: el 30, el 40, el 50% de la atención sanitaria, si lo puedes pagar. Si eres un indigente o estás en paro, no. Y eso está claro, son reglas contantes y sonantes. Recauda el Estado y, con lo que recauda a unos, puede curar a otros. Creo que en España el PP no se ha atrevido a acercarse a la fórmula alemana, que es parecida a la de Italia, a la de Holanda, que empieza a ser la de Francia… y nos hemos quedado en un término medio ineficaz porque resulta que la gente se va a cabrear, el Estado no va a recaudar y la Sanidad no va a ser mejor. Las cosas hay que tenerlas claras y ejecutarlas de una vez, no hacerlas por parcelas o a tramos por el qué dirán o qué pensarán. Estamos en quiebra, la Sanidad gasta lo que no tenemos, hay un derroche en medicinas evidente porque cada español tiene una farmacia en casa. Un médico te atiende dos minutos y te da cuatro recetas. Eso hay que cambiarlo y tampoco hace falta inventar. ¿Cómo lo hacen en Europa? Alemania lo hace así, Italia lo hace así, Holanda lo hace así, Austria lo hace así… tampoco vamos a ser muy originales. Si a ellos no les va mal vamos a probar y si nos va mal, se rectifica. Las medidas las tomas o no las tomas, pero eso de un poquito, no sirve para nada. España está en quiebra y tiene que hacer un recorte en gasto total y brutal, pero empezando por la casta política. A mí me sobran las 17 autonomías y las diputaciones, pero de eso no tocan nada. Y luego en la Sanidad tocan, pero poco. ¡Pues asume las fórmulas europeas! Ya sabemos que son años malos, pero así tampoco vamos a salir de pobres.
¿Un liberal está a favor del despido libre?
Yo estoy a favor del contrato libre. Hay veces que es injusto que se produzca un despido. En Estados Unidos pagan una o dos semanas por el despido, y allí prácticamente no hay paro. Pero allí la gente se mueve muchísimo, vive en seis estados distintos a lo largo de su vida. En España nacemos, crecemos, no nos reproducimos y morimos prácticamente en una esquina de una manzana. Ahora no, vuestra generación va a tener que volver a echarse a Europa a trabajar porque aquí se ha acabado, hemos gastado lo que no teníamos. Las empresas tienen que tener beneficios para ser empresas, no subvenciones. Vivir en el mercado. El problema es que en España tenemos una tradición de empresa pública enorme donde los sueldos no tenían nada que ver con la productividad, sino que eran como ministerios, por ejemplo Telefónica. Y tenemos otra tradición aún peor, que es de empresas privadas subvencionadas, que dependen de las concesiones del gobierno. Yo entiendo que ahora la actividad sindical proteste, porque no les están pagando por lo que producen, sino por lo que paga el Estado, que también son ellos. Es decir, hay un mercado que no es un mercado de trabajo libre. Cuanto más barato es el despido, más fácil es contratar. Cuanto más caro es despedir más caro resulta contratar y menos se contrata. Hay un 50% de paro juvenil en España. ¿No podría al menos el 25% de ese paro juvenil ser enjugado por empresas? No se atreven. Pero no por los sueldos que se pagan, que son míseros, sino porque la Seguridad Social te dobla la inversión. Eso no se ha abordado en serio. Y además tenemos estos sindicatos, que son lo peor de lo peor. Yo tengo un gran respeto por el sindicalismo clásico, hasta Nicolás Redondo y Marcelino Camacho. Ahí se acaba el sindicalismo que yo he conocido en el antifranquismo; era gente que trabajaba y que después dedicaba dos o tres horas diarias a trabajar para el sindicato. Nicolás Redondo no era el de la UGT, era el de la Naval. Camacho no era el de Comisiones, era el de la Perkins, que era donde trabajaba. Ahora están todos liberados de tan penosa costumbre. Y los sindicatos de los partidos de izquierda y de derecha en el gobierno han sido incapaces de hacer una ley de huelga. Hay que rehacer por completo el mercado laboral en España; si queremos que se contrate mucho tiene que ser barato despedir. Pero cuando se hace un contrato porque alguien vale, el contrato tiene que ser claro y, si despides a uno de forma injustificada, debe aplicarse una indemnización seria, como se hace en los países donde esto funciona.
¿Estás a favor de la despenalización de las drogas?
Depende de qué drogas. Las drogas de diseño, que son las que más se consumen, cambian cada fin de semana, y para legalizar algo tienes que tener químicamente señalado de qué se trata. Antes de la guerra, en España se vendía heroína y cocaína en las farmacias. Era pura y te la daban con receta. Hoy nos parece impensable, pero era una sustancia claramente establecida, y en la farmacia sabían qué llevaba, cada excipiente, lo que podía tolerar, de cuánto era una toma. Lo mismo con la morfina; después de la primera guerra mundial se dieron muchos casos de morfinómanos, debido a los dolores de las heridas. El problema es que podría haber estado relativamente claro hasta la cocaína, pero en estos momentos eso puede suponer la mitad del consumo de droga. Las drogas crecientes son las de diseño, las que te las hacen a la carta: tienen elementos de cocaína, elementos relajantes, elementos psicotrópicos, etcétera. Y eso no se puede controlar, es imposible; no hay ministerio de Sanidad que pueda seguir la marcha renovadora continua de los fabricantes de droga. Ahora tenemos la peor situación: a los que consumen droga les sale gratis y a los camellos no. ¿En qué quedamos? O lo prohíbes o no lo prohíbes. Y si no lo prohíbes di qué es lo que no prohíbes. El problema es que hay algunos que tienen un nivel de adicción a algunas drogas… en el hachís es llevadero, pero en la heroína no. Entonces, ¿cómo puede el Estado hacerse responsable de que se venda heroína en las farmacias? Cuando venga un chico de 16 años que se haya muerto de sobredosis ¿qué se le dice a su padre? Es un asunto que estaba más claro antes y que ahora está bastante claro para lo que se llama drogas blandas. Una de las más duras es el alcohol, y no está prohibida. Aunque a este paso acabará estándolo, porque no puede ser que a los trece años estén borrachos perdidos, como pasa en España con el botellón. Pero las grandes drogas, que tradicionalmente han sido el gran reto… ¿Se acabaría con el tráfico de cocaína, y por lo tanto con los gángsters y crímenes si se legalizara? Pues con la cocaína tal vez, pero desde luego la heroína, el crack, el cristal y las drogas de diseño no, porque no puedes controlar el producto, y el Estado no se puede hacer responsable de algo que puede ser devastador, más que para el cuerpo, que también, para la cabeza.
¿Y en cuanto a la prostitución?
Hay que legalizar la prostitución libre. Lo que hay que perseguir es la trata de blancas. Bueno, de blancas, de blancos, de negras y de negros. En España, aunque la ley lo dice, no se aplica. El macró (viene de maquereau) es libre y el chulo tiene normalmente buenos tratos con la policía. Se está creando una prostitución para pobres, que es la de las pobres putas del este y de África que vienen en mafias y que están controladas por las mafias, y después tenemos otra prostitución, de lujo, que son las que lo son porque quieren, porque lo necesitan para pagarse los estudios, para salir de la crisis, porque tienen un hijo enfermo o, simplemente, porque quieren hacerse ricas y aprovechan su aspecto físico. Hay que legalizar todo lo que se pueda legalizar en la prostitución y hay que perseguir todo lo que no sea legalizable, es decir, todo lo que suponga trato de seres humanos como animales.
Si alguien en España quiere votar a un partido liberal, ¿qué opciones tiene?
Lo tiene regular. En las últimas elecciones voté al Congreso a UPyD y al Senado al PP, pero más que nada porque en mi casa había una guerra civil entre los de UPyD y los del PP. Y como el Senado no sirve para nada, voté al PP. Es difícil. Ahora, el partido nacional con posibilidades más renovador y con menos corsés ideológicos es UPyD. No es un partido liberal, es más bien socialdemócrata, pero salvo alguna parte del PP, como Esperanza Aguirre en Madrid o Bauzá en Baleares, que son más liberales, en el Partido Popular son conservadores y muchas veces son tan socialistas como los socialistas. UPyD es lo que veo más cercano en algunas cosas al liberalismo. Pero no hay un partido liberal y tampoco hace falta que lo haya. Yo preferiría que hubiera liberales en todos los partidos, incluyendo el PSOE.
¿Te parece muy distinta la improvisación y descoordinación que ha tenido hasta ahora el PP con la que tenía el gobierno de Zapatero?
El gobierno de Zapatero ha conseguido vendernos tantas mulas ciegas… ¡lo último que hizo el gobierno de Zapatero es bombardear Libia, donde no se nos había perdido nada! Gadaffi no había hecho nada excepto pagar a políticos y partidos españoles desde la transición. Gadaffi era un chorizo, era Carmen de Mairena sin pasar por la ducha, una cosa grotesca, un déspota y un asesino; pero lo que ha venido después son tribus igualmente criminales. Y al mismo tiempo en Siria estaban y están matando a mucha más gente y ahí no interveníamos. ¿Por qué? Porque la operación de Sarkozy era Libia, que parecía fácil. Resultó relativamente fácil. Y ahí que nos lanzamos los españoles en plan machote con dos aviones a bombardear Trípoli. Vendían la cosa y veías a los titiriteros “¡Oh, Zapatero!”, a la Bardem “¡Ista, ista, ista, Zapatero feminista!”… cretinista, más bien. Lo que siempre ha hecho muy bien el PSOE, incluso en los peores tiempos, es la propaganda. Y lo que es incapaz de hacer el PP no es la propaganda, es simplemente la comunicación. La propaganda ni se les ocurre. Esto de mentir porque es una forma de hacer política ni les cabe en la cabeza. No entienden lo de la comunicación humana. Por ejemplo, lo de Sanidad. Son incapaces. Las reformas económicas: muchas vienen dictadas desde Bruselas por nuestra crisis y la deuda. ¿Alguien ha visto algún programa en la televisión pública en la que se explique cuál es nuestra situación financiera y por qué durante cuatro años vamos a tener que restringir el gasto público? Nadie lo ha hecho, y Mariano Rajoy no dice nada. Es desesperante, el PP no hace nada y le cargan todo y el PSOE hace de todo y no le cargan nada.
Recuerdo que —de esto hace ya casi un año— Cesar Vidal me comentó que él no estaba de acuerdo en que ésta fuera la clase política menos preparada que había tenido España. ¿Estás de acuerdo?
Bueno, es que hemos tenido alguna… Fernando VII hizo ministro a un aguador. Pero porque era el que le llevaba de putas por Madrid; era el mejor experto en las casas de lenocinio de la época, y esto era muy apreciado por su majestad. Ahora el Gobierno tiene un nivel medio-alto; no llega al nivel del primer gobierno de Felipe González, ni por supuesto al del primer gobierno Aznar, que ha sido, con diferencia, el más preparado que hemos tenido. Pero hay una diferencia con los años de la transición en UCD y también en el PSOE, y es que la gente que se metía en la política entonces perdía dinero. Y ahora, sin la política, no tendrían un sueldo del que vivir… del que vivir bien. La degradación intelectual va pareja con la dependencia moral de lo que debería ser una opción, pero no una profesión. Yo respeto al que se dedica a la política, porque además es un trabajo de perros, es horrible. Eres el malo de la clase siempre. Pero a veces se hacen cosas buenas. Pero claro, gente que a los dieciocho años entra en las juventudes de un partido, a los diecinueve es concejal de un pueblo, a los veintidós es diputado regional y a los veintiocho es diputado nacional, no ha trabajado nunca, no ha hecho una carrera, no sabe lo que es el mundo real porque vive en la burbuja política y todo depende del partido. Si el partido lo pone en las listas, pues es padre de la patria o madre de lo que sea. Y si no, no es nada. Eso es lo peor de lo que está pasando: la profesionalización de la casta política, porque llamar “clase” a eso, con la poca “clase” que tienen, es lamentable.
¿Me puedes citar cinco políticos de izquierdas actuales que te merezcan respeto?
¿Actuales? Hombre, Obama es el mejor publicista y el más elegante que ha tenido la izquierda. En Italia todo el grupo de Monti (no el partido socialista, sino el grupo en torno a Monti) tiene un buen nivel. Y aunque ahora está desaparecido, el grupo Manifesto de Rosana Rosanda me parece que es bastante bueno. En Alemania, el partido socialista siempre ha tenido un gran nivel. Pero lo que más me gusta de los socialdemócratas alemanes son los sindicatos, que siempre han sido el verdadero poder en la izquierda alemana. Hace poco vino aquí el presidente de los sindicatos y lo primero que dijo es “jamás aceptaría ni un euro de subvención, porque sería perder nuestra independencia”. Y Alemania tampoco es que sean bolcheviques, pero hay una izquierda decente. También respeto el partido laborista de Tony Blair. Se equivocaba en lo de la educación, en eso han sido calamitosos todos. Pero en cambio en otras cosas no. Y, por ejemplo, el sector público y la atención a los desfavorecidos me parece lo más respetable de la izquierda, pero con coherencia. Lo que no puede ser es estar en Francia diciendo que hay que nacionalizar todo y te llamas Strauss-Kahn, que lo único que nacionalizas es la orgía y el puterío. El problema en la izquierda es que hay que encontrar una izquierda decente. Pero también una derecha decente. Me gustan bastante los del partido liberal social demócrata en Inglaterra. Ya digo, la parte del partido laborista que va en la senda de Blair.
¿En España no salvas a ninguno?
En España Rosa Díez es la única que viene de la izquierda-izquierda, del PSOE-PSOE. Me parece que es muy respetable el trabajo de USO como sindicato. Es el único que ha renunciado a los liberados. A esa izquierda no es que la respete, es que la venero, es el modelo que tendría que haber. Porque, además, si la izquierda es decente, la derecha está obligada a ser decente. Si la izquierda roba y hace los EREs falsos de Andalucía, la derecha dirá que aunque sea la mitad… pero se lo llevará. El problema es que igual que para el bien hay competencia, para el mal también. Y en los medios españoles, en la propaganda, manda la izquierda. De manera que no solamente se echa a perder la izquierda y su base social, no, es que además se echa a perder al resto. UPyD es para mí, de la gente de izquierda moderada, el único partido que me parece respetable. Dentro del PSOE por supuesto que hay gente respetable, pero el conjunto, sobre todo después de los años de Zapatero, no hay por dónde cogerlo.
¿Está pasando la monarquía su peor momento desde 1931?
No, le vienen peores momentos.
Me refiero hasta ahora.
Sí, sí, sí… en El Linchamiento dije que el rey tenía que abdicar; era la época del Estatuto de Cataluña y las negociaciones con la ETA. Si no tenía o fuerza o voluntad, o estaba pillado ya sea por negocios o por lo que sea, chantajes o vete tú a saber —ahora vamos sabiendo más cosas— por el gobierno del PSOE, tenía que abdicar y dejar paso a su hijo, que no está metido en ningún tinglado. Pero el jefe del Estado tenía que haber actuado entonces, porque lo podría haber hecho perfectamente en el caso del Estatuto de Cataluña y en las negociaciones con la ETA. No lo hizo. Eso sí, se cargó la COPE para fundirme a mí. Pero gracias a eso tenemos Es Radio; se lo debo a su Majestad. Yo creo que o abdica pronto o… pero por pronto me refiero a este verano.
¿Por qué crees que con Felipe VI sería distinto?
Para empezar es difícil que sea peor. Pero en todo caso es la última posibilidad de la monarquía. También se puede hacer un referéndum sobre la república, pero España no está para dar muchos escándalos —es que estamos en quiebra—. Es decir, si el jefe del Estado se va con una rubia alemana a cazar elefantes y casi se rompe la crisma y fallece en Botsuana, la imagen que eso supone para España es letal. Por lo menos el príncipe es formal, y Letizia lleva las niñas como un clavo, no como Froilán, que se pega tiros en los pies. Pero es el último cartucho, yo creo que el príncipe ahora… es que no queda… no le queda nada más a la monarquía, salvo la república. Y el gran problema de la república no es sólo que en España siempre ha salido mal, no. El problema de la Primera es que tuvimos cuatro repúblicas distintas en un año. Luego la otra fue mucho peor porque fue sectaria y contra media España desde el principio, y acabó en una guerra civil que se veía venir desde antes. Pero el problema es que ahora tenemos el lío del estado autonómico, que en una república sería la república de una parte de España porque el resto, olvídate. Es decir, hay que partir de esa base. Prefiero una república sin Cataluña y sin otras partes donde no se acepta la igualdad de los españoles ante la ley y se persigue, por ejemplo, la lengua española. Prefiero una república que sea un tercio de la España actual donde todos seamos iguales ante la ley.
A una monarquía…
A una monarquía como la actual, que es una mezcla de incompetencia y corrupción. Pero si pudiéramos tener una monarquía parlamentaria —que a la gente le gusta porque simboliza la unidad de España y es un sentimiento muy profundo, muy anclado en la gente— pues ideal, porque tenemos una república coronada. Pero sin corrupción y con un sentido nacional. Y haciendo valer la igualdad de los españoles ante la ley, que es la tragedia de la monarquía actual: ha permitido que se carguen la nación y que arruinen al estado.
¿Cómo son tus relaciones con la iglesia católica? Mucha gente ignora que no eres católico.
Nunca he sido católico, a los dieciséis años perdí la fe. Cuando estaba en la COPE nadie me exigió ser católico, ni por supuesto lo he proclamado yo nunca. Al revés, siempre decían los meapilas del PSOE, que los hay, “es increíble que la COPE la dirijan un ateo y un hereje”. Porque César sí cree, pero es protestante. Y yo ni creyente. Pero de cultura política sí soy católico. Es decir, mi idea del bien y del mal está formada en el catolicismo.
¿Más que en el protestantismo?
Sí, totalmente. A mí los protestantes me parecen muy antipáticos. César es mi amigo, pero a mí me gusta más el catolicismo. Sobre todo por una cosa que con los años aprecias más: la piedad, la compasión. Y es verdad que el catolicismo es una religión más débil que el protestantismo, porque se basa menos en la fe. Pero como yo no tengo fe, me gusta mucho más la caridad de la parte católica que tiene caridad, porque hay otra parte que son unos hijos de Satanás. Pero yo cuando he estado en la COPE he tenido la ocasión de tratar a muchas monjas, frailes, curas, que están haciendo un trabajo… monjas que se dedican a atender enfermos terminales de SIDA… cómo no tener respeto a esas personas. Y ésa es también parte de la Iglesia. Hombre, yo entiendo que para la izquierda la caricatura del Vaticano es divertida, pero desde luego, al lado del Islam, el cristianismo es una bendición celeste, y al lado del protestantismo el catolicismo es muy llevadero. De manera que yo no soy católico pero sí creo que entre los católicos hay una parte muy buena, sobre todo una parte joven muy buena que tiene ganas de ayudar al prójimo. Yo quiero vivir con esa gente, con quien no quiero vivir es con Urdangarin.
¿No le pega más a un liberal ser protestante? Es decir, ¿los Estados Unidos serían lo mismo si hubieran sido católicos en vez de protestantes?
Eso es discutible; los protestantes se dan mucho pote. Hay países protestantes que son una basura. Por ejemplo, en Brasil hay muchísimos millones de protestantes y salvo Kaká no he visto a nadie de fuste. Y a Kaká le estafó su jefe —protestante, por cierto— seis millones de dólares recientemente, y ha abandonado la secta. Quiero decir que no es cierto que las diferencias teológicas entre protestantismo y catolicismo sean tan importantes. Yo creo que ahora le preguntas a cualquiera que vaya a misa a un servicio protestante en qué consiste el misterio de la Santísima Trinidad y no sabe contestarte. Y no sabe si está a favor o en contra. La religión se ha vivido como dogma, como teoría, como teología, en otra época de una manera “a vida o muerte”. Ahora no es que no se viva “a vida o muerte” que me parece muy bien… salvo los islamistas, que esos es siempre “a muerte”. Contra los otros y ellos a vivir… bien es verdad que con las huríes…permanentemente vírgenes, que parece una incomodidad, y ya eso la convierte en una religión poco deseable. La religión ahora tiene un perfil mucho más difuso y hay buena parte de la religión, como pasó con mi generación, educados digamos en lo que se llamó nacional-catolicismo, que en la izquierda o en la derecha conservan los valores católicos: la humildad, el no abusar del débil, el ayudar al que no se puede valer… en fin, lo que es la caridad en un sentido amplio. Yo creo que el protestantismo tiene esa parte casi convertida en industria. Nadie da más dinero para los pobres de todo el mundo que los protestantes norteamericanos. Nadie ayuda más a la gente. Los protestantes tienen una fe mucho más clara, mucho más fuerte. Pero ya digo, como yo no la tengo… el liberalismo moderno no nace con los protestantes, que nunca lo fueron al principio. Nace en la Escuela de Salamanca con los teólogos católicos españoles, a quienes luego copia la Escuela Austríaca. Hay una frase maravillosa de Luis de Molina, el que teorizaba el regicidio, que decía que al príncipe cristiano que bastardea el valor de la moneda hay que matarlo. Hay que decirle primero que no lo haga y luego hay que matarlo, porque eso de devaluar —que es lo que hacía metiendo estaño en vez de plata— es robarles a los pobres en sus bolsillos. Y en cuanto al valor justo de las cosas —que siempre es la gran cuestión— decía Fray Tomás de Mercado —un gran pre-economista, teólogo, etc.— que el valor justo de las cosas depende de la participación de tantas personas (las que eligen, las que demandan, las que ofrecen, a cómo se cotiza, lo que cuesta el viaje, etc.) que sólo lo sabe Dios. Sólo Dios sabe el valor justo de las cosas. Los mortales tenemos que conformarnos con el precio del mercado.
Volviendo un poquito a hablar de cultura, tienes muy buenas relaciones con Alaska, Loquillo, Sabino Méndez…
Sí.
¿Qué nos puedes contar de la Movida madrileña?
La conocí cuando empezaba. Cuando vivía en Barcelona, los dos últimos años, venía a Madrid muy a menudo: a exposiciones de pintura, a conferencias, al programa de Paloma Chamorro, etc. Y es cuando empezaba la Movida. Yo escribo en el catálogo de Madrid DF, que es el comienzo —también luego hubo otro de Madrid 80—. Cuando empieza la movida en el terreno de la pintura es cuando empieza realmente la movida. Y junto a la gente que empezaba a pintar estaban los que empezaban a cantar, si es que a aquello se le podía llamar “cantar”. Traté sobre todo a los hermanos Auserón. A Kathy François, la mujer de Santiago, le publiqué en Diwan sus primeras cosas en español. Escribía muy bien. Y Las Chinas, en fin, los primeros Kaka Deluxe: recuerdo a Fernando Márquez cuando presentó Paraíso. Era fantástico, porque Márquez (que se hizo falangista) era una cosa realmente sorprendente. Le convencí de que no se fuera de jefe de formación cuando lo quería fichar Vestrynge, que era bastante nazi. Le dije: “pero Fernando, ¿dónde vas con Alianza Popular?¿dónde vas, Fernando? Pero si lo tuyo no es esto, si éste es un hortera, hombre. Tú eres un chico fino”. En esos años salieron grupos como setas. Cada vez que volvía a Madrid, dos meses después, había cinco grupos más. Todos eran bastante malos, pero en todos se veía talento. Si aguantaban el tirón desembocaban en trayectorias extraordinarias. La movida luego fue sobre todo un marketing que hizo el gobierno Galván muy hábilmente, y alguno que se dejó subvencionar por el PSOE. Pero salvo en la canción y algo en la pintura, no ha sobrevivido nada.
¿Tuvo algún valor cultural?
Hombre, tuvo el valor de romper con la parte izquierdosa de la canción-protesta, etc. Eso en la música. En el cine tiene valor el primer Almodóvar, el de Pepi, Lucy y Bom; tenía gracia porque las películas eran malas, pero rompía con el rollo de Carlos Saura, que era una cosa absolutamente insoportable. Es decir, el rollo progre del final del franquismo. En ese sentido fue un elemento de desintoxicación. Pero cosas duraderas, pocas.
No te parece que haya nada que aguante el paso del tiempo.
Desde luego, de literatura, nada de nada.
Hablando de Literatura, del panorama literario actual ¿qué te gusta?
Leo sobre todo novela negra y a los clásicos. De ahora a Jorge Volpi, a Jaime Bayly… es una generación sobre los cuarenta o cincuenta años, que es cuando un novelista empieza ya a producir. Hay alguna excepción, pero lo normal es que la novela sea un género de madurez. Tengo un problema con la literatura en España, y es que la mitad no saben español; como soy filólogo, estas cosas me las tomo muy a pecho. Para leer mal español, leo traducciones de novela negra, que es lo que más me divierte. Pero por desgracia creo que en España estamos viviendo el peor momento literario en muchísimo tiempo. Y nos podemos consolar con mexicanos, peruanos, algún argentino… es decir, los países donde aún se habla español.
¿Conoces a Julián Ríos?
Hombre, claro.
¿Te gusta?
Hice una cosa medio conceptual cuando él publicó una novela que se titula Larva; creo que no la publiqué. Sacó un capítulo y yo escribí una serie de poemas con unas descripciones que él hacía de Londres. Ríos me parece interesante, pero me parece interesante un libro. Lo demás es lo de Joyce en Finnegan’s Wake, que está bien, pero renuncias a que te entiendan y a comunicar nada. Me parece que tiene un talento extraordinario, pero la gente que tiene ese talento tiene que mostrarlo en la narración clásica. Es decir, mejor que Cervantes no vamos a ser, pero hay que tratar de estar a la altura.
Cuando lees a autores que te resultan —a lo mejor es un poco fuerte decirlo así— “políticamente repulsivos” o “ideológicamente repulsivos”…
No, no los leo.
No los lees.
Bueno, a alguno. A Javier Marías. Cometí el error de leer Todas las almas.
¿Te gusta?
Pero cómo me va a gustar, si escribe fatal. A diferencia de su padre, que pensaba bien y era una persona sensata. Pasa con todos los niños de papá; su padre era de derechas, así que él tiene que ser de izquierdas.
¿Y Céline, por ejemplo?
A mí en Céline hay algo que no me gusta, que es el mal. Céline es nazi porque le gusta el mal. En la vida hay que luchar contra el mal y buscar el bien, y en la literatura creo que eso también se nota. Céline es un buen novelista. Hay algunos… Ernst Jünger es un hijo de puta, pero es un gran escritor. Pero en general yo creo que el gran novelista es bueno. O sea Galdós, Pardo Bazán, Cervantes…
Tolstói…
Tolstói no. Tolstói es un hijo de puta. Un novelista bastante bueno, aunque irregular. Me acabo de leer La felicidad conyugal, y cómo se nota que era un hipócrita, un infeliz y un desgraciado; la parte del amor está maravillosamente descrita, pero la de la traición la solventa con el descabello. Pero a mí me gustan los escritores que crean un mundo en el que nos vemos reflejados al margen de las generaciones. El amor, el sexo, la vida, la muerte, la avaricia, la piedad, los conflictos que se producen entre los afectos, las necesidades… Y eso ya está hecho, no vamos a mejorar fácilmente a Galdós. Pero como Galdós no conocía el siglo XXI, se puede hacer eso, ¿no? Estamos demasiado empeñados en hacer una literatura que no parezca literatura, y con eso lo que hemos conseguido es no tener lectores.
¿De dónde viene tu gusto por los haikus?
Viene de Labordeta. Empecé leyéndolos prestados de la biblioteca de Miguel Labordeta, el hermano de José Antonio, al que le gustaba la literatura oriental, y a mí me prestó libros de poesía japoneses. La que más me influenció, porque me pilló a los 17-18 años, cuando empezaba a escribir poesía casi profesionalmente, fue una antología de poesía coreana. Y siempre me ha interesado por dos razones: porque tiene una idea panteísta de la naturaleza sin ser un canto ecologista, sino a la vida de otra manera. Por eso mi libro de haikus se llama La otra vida, que es la que uno piensa cuando desaparece del mundo, y es la piedra, el árbol, una historia de amor que viviste, otra persona, tú mismo en el recuerdo… lo que me gusta del haiku es que de una manera muy delicada tiene que tocar la fibra del lector. Aparte, tienes que acertar, porque si escribes treinta haikus tienes que tirar 29; estás en un momento de exuberancia que crees que has dado con la tecla pero al cabo de un mes ves que aquello no va. Y eso es porque el haiku tiene que ser muy bueno, y si no lo es, no vale la pena. La poesía tiene la ventaja de que como no la lee nadie, puedes hacer lo que te dé la gana. Y encima me puedo permitir que me editen libros de haikus y que me los paguen, que ya es el colmo.
Tus detractores suelen referirse a ti como “el locutor”. ¿Es necesario tener la carrera de Periodismo para ejercer de periodista?
A la gente que trabaja conmigo siempre les digo que hagan otra carrera y luego, si quieren, Periodismo. Por supuesto que no, yo no sé cuántos profesores de Periodismo tienen una columna en un periódico nacional. ¿Uno, tal vez dos? ¿Cuántos tienen programa de radio? Ninguno. Entonces, ¿de qué dan clase? Pero bueno, me han dicho cosas peores que locutor. A Carlos Herrera le encanta lo de locutor. A Luis del Olmo no le gusta; a Iñaki Gabilondo tampoco le gustaba… pero a Carlos le encanta. A mí, mientras no me lo digan con k me parece bien.
¿Qué cualidades debe tener un buen periodista?
La fundamental es la honradez. Es decir, tratar de contar las cosas como son, o como las ves. Luego acertarás, te equivocarás, pensarás que un gobierno lo hace mejor o peor; viéndolo en perspectiva pensarás que fuiste demasiado duro con un político y en cambio a otra arpía le perdonaste todo porque no sabías lo mala que era… estas cosas suceden. Pero que en el momento de dar la información o tu opinión seas honrado, que no engañes a la gente. Ésa es la principal. Luego tienes que saber español, es bastante necesario, y si tienes una formación básica en Historia y política, mejor. Si además quieres hacer un periodismo más especializado… si quieres hacer tribunales tienes que hacer Derecho, si quieres hacer crónica negra, Criminología. Vamos a una especialización inevitable, pero lo principal es ser honrado.
Estás bastante de acuerdo con Soledad Gallego.
Pero no estoy en su empresa, que demuestra lo contrario.
¿Qué te parece el diario ABC?
El ABC verdadero, como le llama Anson, fue un gran periódico, y espero que sobreviva porque pasé diez años escribiendo todos los días y está muy bien. Pero como es tan periódico, tiene muchas dificultades para sobrevivir.
¿En qué sentido?
Es un gran periódico de papel, y todos los grandes periódicos de papel tienen una supervivencia difícil.
Hablando de cerrar medios, ¿qué opinas del cierre de Público?
Que ha saneado bastante el irrespirable ambiente de lo que no es periodismo, sino una verdadera basura. No voy a fingir que me preocupa el cierre de Público, cuando sacaba montajes míos bajo el título de “El predicador condenado”. Eso es de pasquín de señoritos, que es lo que era. Pasquín de Roures para conseguir las concesiones de Zapatero. No tenía otra función más que ayudar a los negocios de Roures, y se ha hecho una basura. No es la única basura en España, pero de las escritas… naturalmente, seguro que hay gente estupenda en Público y que hay gente buena que trabajó allí como podría haber trabajado en otro sitio, pero el proyecto intelectual me parece una porquería.
¿Qué opinas de Rafael Alberti?
Maravilloso hasta el año 34. Luego, potable en los años 50. El primer Alberti es extraordinario; en cuanto entra en política es una calamidad, pero una parte del exilio, el de Argentina, produce dos buenos libros: el dedicado a Cádiz Ora Marítima, otro que me gusta mucho, Baladas y canciones del Paraná, en el que hace un tipo de verso largo, como el de Cernuda. Como fue un gran escritor esa parte es indiscutiblemente muy buena. Hacía unos sonetos sensacionales, pero lo que hizo en Roma o luego aquí me parece… ¡bah! Me gusta su pintura.
¿Y de Miguel Hernández?
Es muy interesante, porque es trágica la historia de que muere cuando está haciendo la mejor poesía. Lo estudié mucho de cuando estuve investigando la vida de El Campesino, porque él fue su comisario político, que era lo más cruel del ejército comunista, y al final aquello fue lo que lo llevó a la cárcel. Me gusta muchísimo el último Miguel Hernández, y me parece muy interesante el primero. Aunque parece un poco tosco, de hecho se burlaban de él Neruda y esos cabrones: le llamaban Cara de Patata. Pues Cara de Patata era más poeta que Neruda de aquí a Lima. Luego hay una cosa de Miguel Hernández muy rara, que son los Autos sacramentales. Hay uno que es Quién te ha visto y quién te ve, y sombra de lo que eras que es una cosa verdaderamente de locos, sólo igualada por Gerardo Diego y La fábula de Equis y Zeda. Es una cosa gongorina y disparatada. A ellos les encantaba el barroco, y Miguel Hernández se tomó muy en serio lo de aprender a escribir. Al final, con los sentimientos más básicos, consigue una literatura casi perfecta. Desde Fray Luis de León hay pocos tan desnudos y, al mismo tiempo, elocuentes. Pero es porque tiene todo un trabajo detrás. La gente piensa que Hernández era un improvisador, y no. Era un tío muy estudioso que había trabajado mucho, que se había leído el Siglo de Oro y que escribía autos sacramentales. Miguel Hernández me parece una historia conmovedora, porque además le quedaban treinta años de gran poesía.
¿Qué opinas de Pep Guardiola?
No era malo como centrocampista. Representa lo políticamente correcto en España. Es decir, la hipocresía. Como hipócrita es un verdadero artista, un genio. Ha conseguido que se le perdone todo, y que a los que se le oponen no se les perdone nada. No he visto cosa igual. Puede mentir con tal tranquilidad, poniendo esa cara y ese tono… pero a ver, ¡que te hemos visto dar patadas! ¡Que hemos visto meter goles con la mano! Vende la mula ciega que es impresionante. Espero que sea el próximo presidente de la república catalana.
¿Qué opinas de Mario Vargas Llosa como político y como escritor?
Como político lo hizo mal; como candidato y ahora apoyando a Ollanta Humala. Como escritor es de los grandes del siglo XX y del XXI. Escribió sus primeros libros extraordinarios muy joven, jovencísimo: Los Jefes, Los Cahorros, La Ciudad y los perros, Conversación en la Catedral… Después escribe varias obras muy irregulares. A mí me gusta mucho Historia de Mayta, la reflexión que hace en novela del terrorismo de Sendero Luminoso. Y después va y escribe La fiesta del chivo. Cuando ya nadie lo esperaba, a los sesenta y tantos años, de pronto va un tío, con la escuela del que tiene la facilidad para escribir, y escribe una novela acojonante, extraordinaria. Siempre he tenido buena relación con Mario, pero a distancia, porque a él le gusta tener corte y a mí, si no me gusta el rey de España, imagínate el rey de Perú.
¿Fernando Savater?
Es un tipo con mucho talento, pero fatalmente unido a la progresía. Le sacas de la progresía y no respira. Al final sigue siendo el mejor escritor de El País, que tampoco es decir mucho. Es uno de los grandes escritores, también uno de los grandes políticos. Lo que pasa es que es un tanto inconstante y frívolo. Pero ojalá toda la izquierda fuera como Savater.
¿Juan José Millás?
Éste es como Javier Marías pero todavía más triste, es una cosa indescriptible. Es el columnista que hubiera salvado Público.
La princesa de Asturias, Letizia Ortiz, ¿qué te parece lo que está haciendo y lo que puede hacer?
Hará lo que pueda para salvar el negocio familiar. Lo tienen muy difícil, él y ella. Es curioso, al principio a Letizia le aplaudía la izquierda y la odiaba la derecha porque creían que se cargaba la monarquía, y ahora sucede justo al revés: a la hija del taxista le apoya la derecha porque es la que no roba y la que está trabajando —yo creo que con un afán de perfeccionismo excesivo— porque quiere que alguna de sus hijas sea reina de España y porque ya está metida y sigue hasta el final. Ahora le apoya la derecha y la izquierda la pone verde. Sabina primero la acoge y después la sacrifica. Me parece una historia casi conmovedora, sobre todo porque ha conseguido algo realmente milagroso: casarse un Borbón y que le sea fiel. No hay precedentes. Desde Carlos III no ha habido un caso igual en la Historia de España. ¡Un Borbón decente! Quiero decir, que una vez se casa, son una pareja unidísima; unidos contra todos, también hay que decirlo. Letizia tiene una novela.
¿Quién va a ser, después de Camps, la próxima portada de Telva?
La Infanta Cristina no da entrevistas, pero por ahí podrían enfocar el asunto. El que merecía una portada de Telva, de Diez minutos y de El caso es Griñán, porque eso es robar y no lo de Camps, que por cierto está un poco “p’allá”. ¡Dice que está preparado para ser presidente del Gobierno! Claro, claro… y yo para sustituir a Guardiola en el Barça. La gente se vuelve loca con la política.
Fotografía: Carlos García Martínez
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